La Prensa 06/10/2020

Cuando en septiembre se le consultó a 1,202 nicaragüenses sobre cuánta posibilidad había de que el gobierno de Daniel Ortega resolviera los principales problemas de su hogar, más de la mitad dijo que era poco o nada probable de que eso ocurriera y la desesperanza es mayor entre los que tienen un nivel educativo superior.

Aunque el nivel de desesperanza hacia este gobierno en septiembre fue menor que en mayo pasado, cuando un 66 por ciento era pesimista, lo cierto es que más de la mitad de los nicaragüenses no tiene confianza en que Ortega dé soluciones a las principales preocupaciones de los hogares, que se resumen en tres principales: el costo de cubrir las necesidades básicas, hay mucho crimen y violencia y el jefe del hogar u otro que vive aquí no tiene trabajo.

De hecho, los nicaragüenses situaron la falta de fuentes de empleos y la inseguridad ciudadana (crimen, robos, asaltos) entre sus tres principales problemas, así como la corrupción en el gobierno, por encima incluso del  Covid-19. “Estas inquietudes están afectando en forma global la vida de los nicaragüenses. Es indistinto en todos los grupos sociodemográficos, no hay diferencias y esa preocupación une a la ciudadanía y los hace olvidar cualquier diferencia política o ideológica”, señala la encuestadora.

La encuesta fue aplicada del 16 al 24 de septiembre del 2020 vía telefónica entre personas mayores de 16 años. Tiene un  margen de error de ±2.29 puntos y un nivel de confianza de 95 por ciento para el total de la muestra.

“Se espera poco del gobierno del presidente Daniel Ortega en la resolución de los problemas que enfrentan las familias en el hogar y esta posición es generalizada en todos los grupos de análisis”, afirma la encuestadora.

¿Pero por qué los nicaragüenses no tienen esperanza en Ortega? ¿Cuán justificada está esa falta de confianza en una solución que provenga del Gobierno? ¿Qué se requiere para que haya mayor esperanza?

Los sociólogos Cirilo Otero y Óscar René Vargas señalan que más de la mitad no tiene esperanza de mejorar sus problemas en el futuro inmediato con Ortega porque no ven las condiciones para que haya un cambio político, que permita estabilizar el país y que es la única forma que existe para reactivar la economía y empezar a crear fuentes de empleos.

Para Otero, la falta de liderazgo político por parte de la oposición, la falta de condiciones para que haya elecciones y el endurecimiento del Gobierno mediante las leyes para mantenerse en el poder estarían detrás de la percepción de los nicaragüenses de que cambien las condiciones para que se puedan solucionar sus problemas, como por ejemplo que la economía empiece a crear empleos y se reduzca la inseguridad ciudadana.

Difícil futuro inmediato

“La gente ve en el panorama general protestas, represión y muerte”, alerta Otero, que indica que todo eso tendrá una repercusión económica, situación que se va a deteriorar en el 2021 a medida que se acerque el proceso electoral.

“Si no hay control político, no hay desarrollo económico. Si hay desorden político, la cuestión económica no a caminar nunca… es cierto que lo económico viaja por las leyes económicas, pero si no hay estabilidad política lo económico se entrampa, eso está demostrado”, reafirma el sociólogo.

La población tampoco debe esperar por parte de Ortega una solución al segundo problema que identifican en Nicaragua: la corrupción en el gobierno. “No veo ninguna solución a la corrupción, porque la corrupción es inherente al sistema político del orteguismo… La tendencia acá es que aquí se va a comer arroz y frijoles por la mañana, gallo pinto al mediodía y frijoles con arroz por la noche”, afirma por su lado Vargas.

Otro elemento que incide en esa desesperanza de la población hacia Ortega, particularmente en lo relacionado con la carestía de la vida, es que hay temor que el Gobierno a medida que aumenten sus problemas financieros, que se mirará reflejado en menores recaudaciones de impuestos para cubrir el Presupuesto General de la República, se disponga a aplicar medidas económicas y fiscales más duras como las del 2019.

“El Gobierno ha mostrado, no una sino como cien veces, que no le importa lo que le pase a las familias. Solo  mirá el ejemplo de la salud y el Covid-19, el ejemplo de los impuestos, aplica impuestos y no le importa si tenés o no tenés dinero, han puesto tasas impositivas a los alimentos que tenés en la canasta de bienes y servicios. Al Gobierno no le importó andar gastando gran cantidad de dinero en vehículos para sus patrullas policiales, entonces la gente está clara e interpreta que a este no le importa nada de sus necesidades”, expresó Otero.

En el 2019 el Gobierno aplicó una reforma a la Ley de Concertación Tributaria que quitó masivamente exoneraciones no solo a las empresas y actividades claves, como el agrícola, sino que también gravó productos tan sensibles como las toallas sanitarias, la vestimenta, varios productos de higiene personal, algunas piezas y cortes del pollo y la carne, entre otros. Esto implicó que la cesta familiar en menos de un año subiera más de 600 córdobas, mientras mantuvo congelado el salario mínimo.

En el 2020 ha desatado una cacería fiscal contra las empresas, lo que ha ocasionado mayor presión sobre el empleo, un mercado que ha sido golpeado desde el 2018, pues más de 200 mil han quedado sin puesto, aumentando los niveles de pobreza en Nicaragua.

El Banco Mundial en un reciente reporte reveló que en dos años de convulsión política la pobreza aumentó: pasó de 9.5 por ciento en 2017 a 13.1 por ciento en 2019, lo que significa que más de 240 mil personas en Nicaragua pasaron a vivir con ingresos, cada una, inferiores a 3.2 dólares al día, según la paridad del poder adquisitivo (PPP).

“La pandemia de la Covid-19 (coronavirus) sumada a la violencia de los últimos años, la pérdida de empleos y una caída en la confianza de los consumidores y de las empresas, más un declive en sectores como construcción, comercio y restaurantes han tenido un alto costo social y económico, amenazando los esfuerzos logrados en la reducción de la pobreza desde 2005”, advirtió.
Y pese a la desesperanza hacia Ortega, CID Gallup indica que hay “un brote de optimismo sobre el futuro… El futuro también se visualiza negativo, aunque menos que el presente”.

La encuestadora, no obstante,  no precisa si en ese futuro la gente mira al actual Gobierno en el poder. Un 32 por ciento asegura que el contexto actual será mejor frente al 46 por ciento que es pesimista. “Es la población joven la que manifiesta tener más esperanzas en un futuro menos difícil en lo que respecta a su economía familiar”.

El economista Róger Arteaga afirma que el Gobierno no ha dado señales “de querer resolver el problema sociopolítico de raíz, entonces el nicaragüense si no ve señales de resolverlo y si no más están endureciendo la situación y la represión, entonces el nicaragüense pierde confianza. Recuerde que este Gobierno viene siendo sancionado desde hace muchos años y sanciones fuertes y a pesar de esas sanciones la gente ve que el Gobierno no da señales, entonces qué perspectivas ven, que no les va a resolver sus problemas y que esto se puede poner peor, porque a medida que el tiempo avanza y no hay solución, entonces todo se va descomponiendo”.

Desesperanza es mayor entre profesionales

La percepción de mayor desesperanza, no obstante, está entre los profesionales. Si bien en todos los estratos académicos la mayoría opina que Ortega no les va a resolver sus problemas, lo cierto es que esta situación es más marcada entre los que tienen un nivel académico superior o universitario, según la encuesta.

“El no contar con un empleo que les asegure un ingreso fijo en forma semanal, quincenal o mensual, es más común a medida que se cuenta con más años de estudio, residentes en las áreas urbanas y menores de 40 años”, indica el Estudio de Opinión Pública Nicaragua número 97 de CID Gallup.

Otero y Vargas coinciden en un elemento: eso refleja que la clase media está más golpeada y con mayor desesperanza de lo que uno puede imaginar. Pero además, añade Otero, la gente que está más preparada tiene mayor capacidad de comprender el futuro con base a lo que está pasando y esa es la que sabe que el contexto actual no favorecerá a los meses venideros.

Vargas indica que detrás de ese grupo de nicaragüenses de profesionales que no tienen esperanza en Ortega están también los jóvenes egresados de las universidades de los últimos dos años que no han podido colocarse en un empleo, y la situación empeora porque al menos antes una parte de estos emigraban, pero ahora es más complicado con la pandemia.

Es decir que si antes tener 40 años de edad en Nicaragua era motivo de preocupación en cuanto a oportunidades, ahora esta inquietud se ha trasladado también a los menores de esa edad. “¿Cuántos ingenieros, cuántos arquitectos jóvenes han conseguido un empleo? Muy pocos en un mercado contraído, a lo mejor de ayudantes, es decir el mercado laboral joven se ha deteriorado”, indica, todo esto en detrimento de la clase media.

“La clase media ha desaparecido con la suma de tres crisis, pero ha habido también voluntad política para desaparecerla, porque la clase media es la que empuja los cambios y por eso Ortega se ha apropiado de la técnica para desaparecer a la clase media, porque es pensante, ha ido a la escuela, porque a los otros los enredás con que les des un chanchito, un pollito, con su discurso”, explica Otero.

Las tres fuentes advirtieron que no existe la probabilidad de que el empleo se reactive el próximo año, cuando se espera sea más convulso por las elecciones presidenciales, lo que espantará cualquier posibilidad de que la inversión extranjera retorne y las empresas de capital nacional reactiven sus inversiones. A menor inversión, menos fuentes de empleos.

Nicaragua acumula tres años en recesión y técnicamente los economistas indican que el país ha entrado en un proceso de depresión, aunque el Gobierno asegura que no es así. Aunque señala que el próximo año, por ejemplo, no habrá oportunidades laborales en el Estado.