La Prensa 20/10/2020
Pese a la brutal reforma a la seguridad social que se aplicó a inicios del 2019, la institución no logró amortiguar lo suficiente su insolvencia y las proyecciones para el próximo año son aún más inciertas, tomando en cuenta la fuga de afiliados y el aumento de pensionados, lo que podría obligar al régimen a tomar otras medidas.
Según el Anuario Estadístico 2019 del Banco Central, el año pasado el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) cerró con un déficit de 2,408 millones de córdobas, menor a lo proyectado (3,184 millones de córdobas), por dos razones: el ligero crecimiento en los ingresos debido a la reforma fiscal y porque el gobierno se vio obligado a acelerar el pago de las deuda histórica, para oxigenar a la institución. De lo contrario, hubiera superado el déficit estimado.
Especialistas consultados por LA PRENSA señalan que en este contexto otra reforma no es viable. Por consiguiente, el gobierno tendrá que mantener las transferencias.
“El menor déficit fue resultado de un mayor crecimiento de los ingresos por contribuciones sociales (12 por ciento versus 3.2 por ciento en 2018), producto de la reforma implementada en enero de 2019, lo que más compensó los menores ingresos por la disminución en el número de afiliados a la seguridad social en 28,849 asegurados (-3.8 por ciento)”, detalla el informe anual del Banco Central.
A eso se suma que el régimen tuvo que adelantar en pagos 2,687 millones de córdobas por deuda histórica.
“El Gobierno Central trasladó recursos al INSS por 2,687 millones de córdobas en concepto de asunción de deuda histórica, además de 1,461.3 millones de córdobas por el incremento en el aporte estatal aprobado en la reforma a la seguridad social, asegurando el cierre de la brecha financiera del INSS en el 2019”, señala el informe.
Cabe destacar que inicialmente el gobierno había planificado abonar el año pasado 1,572.4 millones de córdobas en concepto de deuda histórica (menos de los 2,687 millones), pero de no haber sido así la institución hubiera rebasado los 3,000 millones de córdobas en déficit.
Un economista que no quiso ser citado explicó con base en los datos oficiales que “en la práctica, lo que permitió que el gobierno efectuase esta transferencia de fondos al INSS estuvo dado por el hecho de que las transferencias municipales debieron ser equivalentes al 10 por ciento de los ingresos tributarios, y se redujeron a un 3.5 por ciento dichos ingresos, o sea 2,566.4 millones de córdobas”.
Estos abonos del régimen forman parte de la deuda de 500 millones de dólares que el Ejecutivo reconoció como deuda del Estado con el instituto en el 2014 y que se comprometió a pagar en cuotas anuales durante los próximos veinte años.
Panorama incierto
La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) señala que el panorama del INSS es incierto, porque ha aumentado la desafiliación y el envejecimiento poblacional supone una carga mayor a largo plazo.
“A corto plazo la mayor afectación es la reducción de los afiliados, estamos hablando de 218,329 personas menos en tres años (entre enero de 2018 y agosto de 2020), eso afecta mucho al Seguro, sin mencionar los elementos estructurales como el envejecimiento poblacional o el manejo eficiente de la institución”, detalló un técnico de Funides.
Explicó que lo único que le queda a la institución es sobrevivir gracias a las transferencias del gobierno: “Básicamente está siendo rescatado a nivel presupuestario y eso va a ir en aumento, porque hay muy poco margen para seguir haciendo correcciones por el lado paramétrico como el año pasado”.
La pérdida de afiliados
El INSS cerró el 2019 con 735,236 asegurados activos, inferior a los 818,396 contabilizados en 2018 y menor a los 914,196 en el 2017, antes del estallido de la crisis.
Las proyecciones del régimen eran que para este año el instituto ganara afiliados, pero aun así no rebasaría el umbral de los 800,000; no obstante, con el impacto del Covid-19, las finanzas de la institución se deterioraron progresivamente con la fuga de afiliados. Entre enero y agosto se perdieron 31,158 afiliados activos.
Antes que se diera la pandemia el régimen había proyectado un déficit este año de 3,184.4 millones de córdobas, pero debido a la crisis sanitaria que provocó la continua fuga de afiliados el déficit posiblemente sea mucho mayor.
Por su parte Juan Sebastián Chamorro, director ejecutivo de la Alianza Cívica, manifestó que la crisis del INSS ya se veía venir desde la crisis del 2018.
“Un factor es la caída de la economía, que ha hecho que mucha gente se salga del sistema. La caída de cotizantes es enorme, en los últimos 15 años vos ves una curva ascendente y luego del 2018 empieza a caer. Ese déficit no es sorpresa”, dijo Chamorro.
Señaló que es muy difícil proponer una solución para la institución, puesto que no hay suficiente información: “No se sabe cómo está funcionando el INSS. Como no hay transparencia de los recursos, de las cantidades de reservas técnicas, entonces es difícil proponer una solución con la poca data que existe, pero el problema es sumamente serio, porque el Seguro no aguanta otra reforma paramétrica, eso provocaría más deserción”.
Atraer más inversión
El exgerente de la Superintendencia de Pensiones, Róger Murillo, asegura que “hay una baja gravísima del Seguro Social”. Explica que el INSS vive de las cotizaciones de sus asegurados activos, pero en la medida que aumenta la desafiliación, este comienza a tener problemas financieros serios; “muchos más serios de los que ya tiene”, explicó.
“Con la crisis actual el Seguro Social ha dejado de recibir 17 millones de dólares mensuales y yo no creo que pueda resistir otro parche. El gobierno tendría que atraer más inversión nacional y extranjera para generar más empleo y así ir aumentando el número de afiliados”, dijo Murillo.