Trinchera de la Noticia, 11 de febrero 2021
Enorme brecha en participación laboral respecto a los hombres
La tasa de participación laboral de las mujeres nicaragüense es del 55.7%, mientras que la de los hombres alcanza el 78.6%, según el informa “La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad”, publicado ayer por la Comisión Económica para América Latina, CEPAL.
Si bien las conclusiones del estudio son hechos en base a datos oficiales del gobierno (una encuesta de INIDE), la CEPAL plantea que la tasa de desocupación de las mujeres fue del 5.0% en 2020 y la de los hombres del 5.7%.
Otra fuente económica muy prestigiosa, la consultora COPADES reportó que entre 2018 y 2020 se destruyeron 200 mil puestos de trabajo. “Según datos gubernamentales, en el trienio 2018-2020 se han destruido aproximadamente 200 mil puestos de trabajo del sector formal de la economía, que representan el 5% de la población económicamente activa del año de 2020. Al cerrarse el año de 2020, Nicaragua ya se encuentra en depresión económica porque la caída acumulada del PIB real con respecto a su nivel registrado en 2017 es de dos dígitos porcentuales, o sea, al menos 10%”, señaló en una reciente columna escrita para Trinchera de la Noticia el doctor Néstor Avendaño, presidente de COPADES.
El estudio sobre Nicaragua abarca de abril a junio de 2020 señala que la tasa de desocupación de las mujeres, en como resultado de la pandemia, fue del 5.0%, mientras que la de los hombres es ligeramente mayor, 5.7%
La variación interanual de la tasa de desocupación (pp) es para las mujeres de -0.5% y para los hombres de 0.4%, señala CEPAL.

Producto de la pandemia, la tasa de participación laboral de las mujeres en América Latina y el Caribe, ALC, se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres en 69%. En 2019 estas tasas alcanzaron un 52% y un 73,6%, respectivamente.
Los sectores más afectados por la pandemia
El sector de las actividades de alojamiento y de servicio de comidas (asociadas al turismo) es altamente feminizado, ya que en la región un 61,5% de los puestos de trabajo eran ocupados por mujeres en 2019. Este sector emplea a más de un 70% de mujeres en Bolivia (Estado Plurinacional de) (78,6%), el Perú (76,4%), Honduras (76,2%), El Salvador (74,8%) y Nicaragua (72,9%). Además, es un sector en que el empleo de las mujeres se concentra en microempresas (un 69,5% de las mujeres en este sector son empleadas en empresas de menos de 5 personas), que a menudo carecen de acceso al crédito, disponen de pocos activos y se prevé que se recuperarán de forma más lenta si no se ofrecen medidas fiscales y paquetes de estímulos específicos para que hagan frente a la crisis actual.
*La llegada del COVID-19 y las medidas adoptadas para mitigar su propagación han acelerado la transformación digital de las sociedades de la región y el vínculo con la economía digital. Como resultado de las medidas de confinamiento durante la pandemia y la migración masiva hacia las compras en línea, las empresas de diferentes sectores se vieron obligadas a acelerar el proceso de inmersión en la era digital. Las nuevas exigencias sanitarias alteran los procesos de organización logística y del trabajo remunerado. La administración pública y otras organizaciones se han visto también en la necesidad de adaptar su funcionamiento y las modalidades de prestación de servicios a la nueva realidad que impone la pandemia.
*La aceleración de la digitalización en prácticamente todas las actividades de la vida a partir de la irrupción de la pandemia de COVID-19 trae oportunidades, pero también grandes desafíos para la autonomía económica de las mujeres y para alcanzar la igualdad de género en concordancia con el Objetivo 5 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (CEPAL, 2019a). Como se afirma en la Estrategia de Montevideo para la Implementación de la Agenda Regional de Género en el Marco del Desarrollo Sostenible hacia 2030, la desigualdad socioeconómica y la pobreza se encuentran entre los nudos estructurales de la desigualdad género en la región. La intersección entre la pobreza, la brecha digital y la desigualdad de género socava las oportunidades que podrían tener las mujeres situadas en los primeros quintiles de ingresos como resultado de la aceleración de la economía digital.
*En la región, el costo del servicio de banda ancha móvil y fija para la población del primer quintil de ingresos llega en promedio al 14% y el 12% de su ingreso, respectivamente (CEPAL, 2020a) (véase el gráfico 4). Por otra parte, un 39,1% de las mujeres en los hogares del primer quintil de ingresos, en promedio, no poseen ingresos propios. Esto constituye sin duda una barrera para que muchas mujeres de la región puedan participar en la economía digital. Si estos guarismos se analizan a la luz de las posibilidades de ejercer el trabajo remunerado de forma remota, se concluye que las mujeres de menores ingresos enfrentan un doble obstáculo: la falta de autonomía económica y la brecha de acceso a Internet para el teletrabajo.