La Prensa 19/05/2021
Daniel Ortega apareció públicamente a eso de las 6:20 de la noche de este martes 18 de mayo en un acto conmemorativo del 126 aniversario del natalicio del general Augusto C. Sandino, en el que se dedicó a atacar a los embajadores de Estados Unidos, Kevin Sullivan y de la Unión Europea, Pelayo Castro, a quienes acusa de presionar a partidos políticos para que acepten a candidatos que el «yanqui» quiere, de cara a la contienda electoral.
El dictador por primera vez confirmó que «tendremos elecciones en noviembre» próximo, tal y como lo convocó el Consejo Supremo Electoral (CSE) dominado por los aliados del partido gobernante, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), para el 7 de noviembre. Ortega se refirió a las pasadas elecciones presidenciales en el país norteamericano, cuando el exmandatario Donald Trump declaró que le habían robado las elecciones, y partió de allí para atacar a los diplomáticos.
«¿A quién le gusta que se le metan en su casa a hacer lo que uno debe hacer? Ah pero a ellos (EE. UU.) sí les gusta meterse por todos lados y querer decidir por los de casa, aquí el embajador yanqui anda de arriba para abajo vendiendo sus candidatos, como si él fuera nicaragüense, él no es nicaragüense, si quiere vender candidatos que los vaya a vender a los Estados Unidos, candidatos norteamericanos, aquí que no se meta el embajador yanqui, postulando candidatos y presionando a partidos políticos para que acepten los candidatos que quiere el yanqui, cree que estamos en los tiempos de ocupación yanqui, que se olvide el embajador yanqui, Nicaragua es de Sandino (…) es un pueblo que merece respeto», sentenció Ortega.
Enseguida, aclaró que la amenaza no solo es para el embajador norteamericano en nuestro país sino para «otros embajadores que ahí viven haciendo reuniones en sus embajadas con grupos políticos, buscando cómo ellos ser los dirigentes de esos partidos políticos, ah pero si les hacen eso a ellos en sus países, en Europa, ya ni digamos en EE. UU., ahí saltan y andan persiguiendo, no les gusta que les falten el respeto a ellos, ni a los yanquis ni a los europeos, ah pero en ellos corre todavía la mentalidad colonialista», pronunció el dictador.
«Nicaragua dejó de ser colonia»
Ortega se vio rodeado de altos mandos del Ejército de Nicaragua, el general Julio César Avilés; de la Policía, el primer comisionado Francisco Díaz; el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras; y el ministro de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta; todos los funcionarios sancionados por el Departamento de Estado de Estados Unidos. También lo acompañó la primera dama y vicepresidenta designada, Rosario Murillo.
El dictador también se refirió indirectamente a las sanciones que tanto los gobiernos de Estados Unidos como de la Unión Europea han interpuesto a funcionarios y familiares de su círculo, y dijo que «nos quieren imponer medidas, decisiones de orden político como que fuéramos colonos, deben de estar claro ellos de que Nicaragua dejó de ser colonia, peor aún los que viven viajando a esos países para pedir intervención, agresiones a Nicaragua, eso es el colmo ya, de lo que es la falta de respeto, de dignidad para sus familias, hijos y pueblos nicaragüenses, este es un pueblo que se ganó el derecho a ser respetado».
Exactamente a las 6:28 de la noche Ortega comenzó a proclamar su discurso con su retórica narrativa del desempeño que en su momento realizó el general Sandino que, según él, fue para devolver la «paz» al pueblo nicaragüense, frente a un pentagrama o estrella de cinco puntas, formada con velas encendidas con bordes azules, una figura que ha sido relacionada con la hechicería, símbolo que congenia con el carácter esotérico de Murillo, que se logró observar panorámicamente por el uso de drones. El discurso duró cerca de una hora.
Posteriormente se refirió a la situación de violencia que se está viviendo en Colombia, y entre los pueblos de Israel y Palestina, pero hizo caso omiso a la represión y la violación de derechos humanos que persiste en Nicaragua desde abril de 2018. También leyó y describió los proyectos de un supuesto plan nacional para este año.
«En Colombia hay una situación que no nos alegra, porque le genera inestabilidad a ese pueblo, pero es que el pueblo está protestando, demandando, exigiendo que se ponga fin a la violencia contra la población, que se atiendan los problemas económicos y sociales, que se resguarde la vida, la salud en estos tiempos de pandemia, Colombia está viviendo una situación muy parecida a la que se vive en muchos países donde la gente protesta, después de la protesta se dan acciones de violencia que generan mayor inseguridad, más violencia (…) la que están viviendo en estos momentos el pueblo, el pueblo palestino y el pueblo de Israel, son dos pueblos y hay una causa», señaló Ortega.
El evento se realizó en el perímetro de la vieja Catedral de Managua, muy cerca del monumento de Augusto C. Sandino, pero en esta ocasión no hubo bandera del FSLN, ni en la tarima y tampoco en los lugares que ocupó el pequeño grupo de acompañantes.