Trinchera de la Noticia, 21/06/21

En las últimas semanas ha circulado la opinión que hay una excesiva cantidad de dinero circulando en el mercado local y que por ese motivo la tasa de inflación mensual se aceleró de 0.26% en enero a 0.85% en febrero de este año, lo que implicó el aumento de la tasa de inflación interanual de 2.9% en diciembre de 2020 a 4.4% en abril de 2021.

De acuerdo con datos oficiales, el balance presupuestario de ingresos y gastos del Gobierno Central, elaborado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), mostró un superávit de 2 mil 867 millones de córdobas en el primer trimestre de 2021, por lo cual, aunque el Gobierno había recibido préstamos y donaciones del sector externo por 101 millones de dólares en ese trimestre, no requería del auxilio financiero internacional para ejecutar el gasto gubernamental, ni tampoco ha recurrido al endeudamiento interno mediante la colocación de Bonos del Tesoro en el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Por su parte, el balance del BCN mostró al 31 de mayo de este año una contracción monetaria de 7 mil 247 millones de córdobas, que se explica principalmente por el aumento de los depósitos del sector público no financiero en el BCN y la colocación de Letras del BCN a 1 día plazo pagaderas en córdobas.

Entonces, ¿por qué la gente se queja de que existe un excesiva cantidad de dinero en el mercado,  y que por ese motivo se está acelerando la tasa de inflación? La gente comienza a preocuparse por una inflación galopante, que a simple vista no se percibe.

El dinero sirve como medio de intercambio o medio de pago, para la compra y la venta de productos; como depósito de valor estable, para trasladar poder de compra de un período a otro;  y como unidad de cuenta, para la cotización de los precios.

La cantidad de dinero a veces ayuda a pronosticar la tasa de inflación. Pero, ¿cómo se estima el saldo de dinero que circula en el mercado? En mi opinión, la oferta de dinero se puede estimar con el Medio Circulante, o sea, la cantidad de dinero para realizar transacciones, conocido en la literatura macroeconómica como M1 e incluye el efectivo fuera de los bancos y el valor de todos los depósitos a la vista o en cuenta corriente en las entidades bancarias; sin embargo, otros economistas lo relacionan con el agregado monetario M2, conocido como Dinero Amplio, que además del Medio Circulante incluye el saldo de los depósitos de ahorro y a plazos en moneda local, estos últimos llamados Cuasi Dinero.

Sin embargo, el BCN sólo controla la Base Monetaria, conocida como M0 o dinero de alta potencia, que consiste en el efectivo, o los billetes y las monedas en circulación, es decir, el saldo de la emisión de dinero, más los depósitos que los bancos tienen en el BCN. Por lo tanto, el BCN no controla directamente a M2.

En 2020, principalmente en el último bimestre de ese año, el BCN aumentó la Base Monetaria hasta 9 mil 190 millones de córdobas, pero en ese mismo año los bancos aumentaron sus depósitos en el BCN en 2 mil 360 millones de córdobas, a pesar de que el BCN contrajo la liquidez en 3 mil 28 millones de córdobas mediante el mecanismo de absorción de los reportos monetarios. Así, los depósitos de ahorro y a plazos del público no bancario no reflejaron un gran aumento.

Ahora, en el período enero-mayo de 2021, la Base Monetaria se ha reducido en 4 mil 608 millones de córdobas, pero la gente ha comenzado a expresar su temor a la aceleración de la tasa de inflación. Un rápido  crecimiento de la oferta de dinero o M1 no se traduce en una severa inflación sin que cause un sobrecalentamiento de la economía, o sea, una situación que se caracteriza por crecientes niveles de demanda interna y de demanda externa de bienes y servicios, cuando la capacidad del aparato productivo no satisface la demanda agregada, y cuando la economía se está acercando al pleno empleo. Pero esta no es la situación de la economía de Nicaragua.

Lo que ha ocurrido desde marzo de 2018 hasta diciembre de 2020 ha sido una recesión continua, con una gran pérdida de puestos de trabajo del sector formal, y también del informal, con el aumento de la población económicamente activa (PEA) por el ingreso de jóvenes al mercado laboral por primera vez, y también con la reducción de la PEA porque los desempleados y subempleados la abandonan al cansarse en la búsqueda de trabajo. Todo esto condujo a la disminución de la tasa de inflación interanual desde julio 2018 hasta noviembre de 2020.

Por consiguiente, concluyo que los inflacionistas no han analizado esta historia económica reciente del país. Una economía casi en estado depresivo, con crecientes tasas de desempleo y subempleo, y con una elevada tasa de personas inactivas en edad de trabajar, nos ha llevado a un nivel inflacionario mínimo, donde la producción total es inferior a la producción potencial.

La tasa de inflación anual bajó de 5.87% en 2017, un año de máximos históricos de producción y de mínimos históricos de pobreza en el país, a 3.89% en 2018 por la crisis política de abril de 2018; luego, en 2019 la inflación anual se aceleró hasta 6.13% por la reforma de la Ley de Concertación Tributaria de febrero de ese año, que elevó los costos de producción de las actividades agropecuarias y los precios al consumidor de bebidas y cigarrillos,; después desaceleró hasta 2.93% en 2020, debido a los shocks de oferta y de demanda provocados por la pandemia mundial del COVID-19. En conclusión, se observó una reducción de la inflación, excepto en el año en que se implementó una reforma tributaria.

Con el último dato oficial disponible, cabe mencionar que la tasa de inflación interanual de mayo de 2021 es 3.97%, o sea, 43 centésimas porcentuales menor que la de abril recién pasado.

Por supuesto que hay muchas razones para preocuparnos de la economía nacional, pero mantengamos la calma por la presión inflacionaria. Preocupémonos, antes de todo, por restablecer el nivel de empleo observado antes de la crisis política y, después, busquemos el pleno empleo, alcancemos el producto interno bruto potencial.