Trinchera de la Noticia, 20/07/2021
La economía de Nicaragua comenzará a crecer dinámicamente cuando aumente la demanda de bienes y servicios finales, es decir, cuando se incrementen los gastos reales (sin inflación) de consumo e inversión, tanto del sector privado (hogares y empresas) como del sector público (gobierno central y alcaldías municipales), y el volumen de las exportaciones.
La crisis económica del país, provocada por causas ajenas a la economía -los problemas políticos internos, la pandemia del COVID-19 y los cambios climáticos- se resolverá con el avance en la solución de esos tres problemas extraeconómicos -convivencia y diálogo, cobertura de la vacunación contra el coronavirus de al menos 70% de la población, y financiamiento concesional para préstamos verdes y relacionados con la sostenibilidad-, sin olvidar que las limitaciones de la oferta están provocando alzas de precios de algunos bienes. Sin embargo, esto no producirá un gran impulso al producto interno bruto (PIB) real.
Acelerar la tasa de crecimiento del PIB Real sería posible con una política fiscal expansiva. En otras palabras, la factibilidad de un mayor crecimiento económico se basaría en una política fiscal que apunte, primero, a disminuir altas tasas tributarias principalmente en las actividades productivas, que han reducido la liquidez y han elevado los costos de producción en las empresas, lo cual implicaría una evaluación de la reforma de la Ley de Concertación Tributaria aprobada el 28 de febrero de 2019, que también impulse el gasto de capital empresarial real (construcción y maquinaria y equipo) y, segundo, con un mayor gasto de inversión pública que genera empleos e ingresos, que genere crecimiento económico, impulse la demanda de bienes y servicios finales, y elimine la crisis económica.
Por su parte, la política monetaria se encuentra inhabilitada para aumentar la producción de bienes y servicios. Los objetivos del Banco Central de Nicaragua (BCN) se limitan a la estabilidad del córdoba -una condición necesaria pero insuficiente para acelerar el ritmo de crecimiento económico- y al normal desenvolvimiento de los pagos internos y externos -principalmente los relacionados con los bancos e instituciones financieras-. Dicho sea de paso, el córdoba, la moneda de curso legal, tiene una presencia marginal en el mercado debido a la excesiva dolarización extraoficial de la economía equivalente a 62% del total de la liquidez, a pesar de que el problema político de abril de 2018 redujo la dolarización en 6 puntos porcentuales.
No obstante la muy limitada capacidad de la política monetaria para generar el crecimiento económico, el BCN la ha dirigido apropiadamente para mantener la estabilidad del córdoba. En el primer semestre de este año, el saldo de las reservas internacionales brutas (RIB) administradas por el BCN se incrementó en US$399.9 millones hasta US$3,611.8 millones -el esfuerzo gubernamental para aumentar las RIB fue del orden de US$167.5 millones-, mientras que la base monetaria (M0), o la suma de los saldos de emisión de dinero y de encaje en moneda nacional, se contrajo C$6,534.7 millones. Así, el parámetro de la estabilidad macroeconómica indicó que al 30 de junio de 2021 el saldo de las RIB es igual a 3.42 veces el saldo de la base monetaria, por arriba del mínimo establecido en 2.5 y, por lo tanto, se puede aseverar que en Nicaragua no hay riesgos cambiarios al mantenerse la estabilidad del índice de precios al consumidor y del tipo de cambio del córdoba con el dólar.
Facilitaron el aumento semestral del saldo de las RIB, el flujo de préstamos y donaciones al sector público de US$261.9 millones, la compra del BCN de US$171.7 millones al sistema financiero y al gobierno central, los depósitos monetarios de US$109.0 millones de las entidades bancarias en el BCN, y la colocación neta de Letras pagaderas en dólares de US$194.8 millones, pero esos aumentos fueron neutralizados parcialmente por el pago de US$182.1 millones de intereses y amortizaciones de la deuda pública externa, la disminución de US$107.6 millones de las cuentas corrientes del sector público no financiero y la reducción de US$52.9 millones del saldo de encaje en moneda extranjera.
En cambio, la contracción semestral del saldo de la base monetaria se explica principalmente con la colocación neta de Letras a 1 día plazo pagaderas en córdobas por C$1,999.8 millones, los depósitos del sector público no financiero en el BCN de C$9,986.2 millones y los depósitos a plazo del gobierno de C$859.3 millones, pero fue contrarrestada parcialmente por la cordobización de divisas de C$3,072.3 millones, la compra de divisas al sector privado de C$2,930.8 millones y las pérdidas del BCN de C$482.8 millones.
Finalmente, entre el 31 de diciembre de 2020 y el 30 de junio 2021 se puede observar que las preferencias del público no bancario en la tenencia de activos monetarios presentan el siguiente orden (con saldos valorados en dólares): (i) depósitos en moneda extranjera (aumento de US$180.3 millones, hasta US$3,244.4 millones), pero todavía alejado de su máximo histórico de US$4,115.0 millones registrado el 13 de abril de 2018; en córdobas con mantenimiento de valor, (ii) depósitos de ahorro (US$477.8 millones) y (iii) depósitos a plazos (US$84.6 millones) ; y en córdobas (iv) depósitos a la vista (US$697.5 millones) y (v) numerario, o sea, billetes y monedas que circulan fuera del sistema financiero, (US$1,055.9 millones).
Persiste el “efecto base” en las variaciones relativas interanuales del medio circulante (numerario más depósitos a la vista) o dinero y del numerario. Al 30 de junio 2021, el saldo del medio circulante de C$49,151.0 millones reflejó un aumento interanual de 26.6%, y el saldo del numerario de C$24,621.3 millones mostró un incremento interanual de 31.0%, pero ambas variables oscilaban alrededor del 10% en la mayoría de los meses de 2017. Los valores de ambas variables aún no se han normalizado, porque continúan comparándose con niveles muy bajos del año pasado, impactados por las causas extraeconómicas antes mencionadas.
El control de las reservas internacionales y de la base monetaria y el comportamiento de los principales agregados monetarios ayudan a demostrar que el BCN puede garantizar la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el BCN disminuyó su tasa de interés monetaria o interbancaria en córdobas sin mantenimiento de valor desde 4.5% en julio de 2020 hasta 3.5% en marzo de 2021 y no ha podido estimular el crecimiento económico, dada la escasa correlación existente entre dicha tasa y la tasa de interés del mercado. Por esto, la política fiscal debe ser la promotora del crecimiento del PIB Real.
Recientemente, la Unidad de Inteligencia de The Economist destacó que en 2021 la economía de Nicaragua crecerá 4.8% y volverá a los niveles anteriores a la pandemia, gracias al consumo, al gasto público, a la inversión fija y a la recuperación del dinamismo de la exportación de bienes.
En otras palabras, la Unidad de Inteligencia de The Economist está fundamentando su pronóstico del crecimiento económico de Nicaragua en 2021 en la demanda global, cuestión que a mi parecer sería bastante difícil de lograrse, pero ojalá así sea. Y si así fuese, con base en los datos oficiales del BCN, el nivel del PIB Real de Nicaragua en 2021 estaría muy cercano a su nivel registrado en 2016 y, además, se ubicaría 4.4% por debajo de su nivel observado en 2017, año en que alcanzó su máximo histórico, y 1.0% por debajo de su nivel alcanzado en 2018.