La Prensa 28/08/2024
Entre enero del 2021 y julio de este año la canasta básica en Nicaragua ha dado un enorme salto en su costo, lo que ha sido un golpe devastador para el bolsillo familiar, que ya venía de sufrir los estragos de una brutal e inconsulta reforma tributaria que el régimen de Daniel Ortega aplicó en 2019, quitando exoneraciones y exenciones a varios alimentos e insumos para producir en el campo.
La crisis de precios a nivel mundial empeoró las distorsiones de mercado a nivel interno y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) analizó el caso específico de Centroamérica y recomendó medidas para bajarlos.
Solo en Nicaragua, la cesta familiar pasó de 14,951 córdobas en enero del 2021 —tras la pandemia— a 21,019 córdobas a julio de este año, es decir un aumento nominal de 6,068 córdobas (40.58 por ciento de alza), según muestran cifras del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide).
El mayor golpe se ha concentrado en el grupo de los alimentos y bebidas no alcohólicas. Antes del 2021, los hogares solo requerían gastar 10,116 córdobas en la compra de granos básicos, perecederos, acompañantes, carnes y lácteos. Tres años y medio después se necesitan 15,219.89 córdobas, es decir 50 por ciento más.
“La inseguridad alimentaria crónica afecta hace mucho tiempo a Centroamérica, pero en los últimos años la inseguridad alimentaria ha aumentado notablemente”, comienza advirtiendo el estudio del BID denominado: Precios internacionales y seguridad alimentaria: un análisis de la transmisión de los precios de los alimentos y fertilizantes en América Central.
Basada en una encuesta, el BID determinó que entre un cuarto y un tercio de las poblaciones encuestadas a mediados de 2021, en siete países de la región, indicaron que se habían quedado sin alimentos en los 30 días anteriores, lo que supone un aumento significativo con respecto a la situación anterior a la pandemia.
Según el estudio, si bien la crisis de precios a nivel internacional y el aumento sustancial de los fertilizantes han elevado el costo de la vida en la región, lo cierto es que estos no son los factores determinantes de la espiral alcista en Nicaragua y Centroamérica.
“Las pérdidas de bienestar resultantes de los aumentos actuales de los precios internacionales de los alimentos solo representan una fracción de la crisis de seguridad alimentaria que afecta actualmente a Centroamérica”, advierte.
La investigación determinó que las distorsiones de mercado, incluidas las alteraciones provocadas por el cambio climático y los desastres naturales, el elevado costo de los insumos (como el petróleo) que hacen subir los costos agrologísticos, la escasa inversión en tecnologías modernas y los estragos causados por la violencia y fragilidad generalizadas, son algunos de los factores que pueden explicar los elevados precios internos actuales.
Y muestra de ellos es que el alza en alimentos como el maíz, los frijoles, el trigo y las bananas en Centroamérica no se debió exclusivamente a las variaciones internacionales. Otros como el arroz, el café y los fertilizantes mostraron un aumento relativamente moderado, según el comportamiento de los mercados externos.
El arroz, por ejemplo, cuando a nivel internacional este grano subió 1 por ciento, a nivel local en Hoduras el alza fue de 0.67 por ciento; en Guatemala y Nicaragua fue de 0.5 y 0.3 por ciento, respectivamente, mientras que en países como Costa Rica, República Dominicana, El Salvador y Panamá ese incremento internacional no impactó los precios del grano.
Entre las acciones que recomienda el BID para aliviar la elevada presión en los precios y la creciente inseguridad alimentaria menciona:
A los consumidores:
Reexaminar las medidas comerciales, incluidas las opciones para reducir los aranceles de importación, que pueden ser una herramienta eficaz para disminuir las distorsiones de precios y reducir los precios al consumidor.
Mantener los programas de asistencia alimentaria a la población, que resultaron ser instrumentos valiosos para garantizar el acceso a los alimentos durante las crisis alimentarias en 2008, 2011 y ahora.
A los productores:
Reevaluar las transferencias directas a los productores a través del presupuesto nacional mediante intervenciones de distribución de insumos o medidas con objetivos similares, como las transferencias de efectivo condicionales y los bonos vinculados a la adopción de tecnología, con el fin de ir más allá de los objetivos a corto plazo y lograr también un impacto más profundo en el bienestar a mediano y largo plazo y externalidades positivas más importantes.
Ayudar a la promoción del acceso de los agricultores familiares a los mercados, el financiamiento y los servicios (por ejemplo, mediante el enfoque de las alianzas productivas) puede aumentar los ingresos y la resiliencia de los productores.
Otras medidas:
Mejorar los sistemas de información, investigación y desarrollo que permiten al sector innovar y ser más competitivo, e identificar y abordar la eficacia de las políticas.
Inversión integral a largo plazo en infraestructura, estrategias de servicios para generar una mayor productividad, mayores ingresos para los agricultores y una mayor resiliencia al cambio climático.
Pero además para prepararse para futuras crisis de precios se recomienda inversiones relacionadas con mejoras de la gestión de los recursos hídricos, mejoras de los suelos, caminos secundarios, instalaciones de depósito y almacenamiento (en frío), así como la mejora de las operaciones portuarias. “Estas inversiones pueden ayudar a mitigar no solo los riesgos agudos derivados de shocks en los mercados internacionales, sino también los riesgos más crónicos asociados al cambio climático”, precisa.
Asimismo, se aconseja aprovechar el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) para coordinar las iniciativas de políticas regionales y mejorar la recopilación de datos agrometeorológicos, climáticos, de producción, precios y seguridad alimentaria para que tanto los responsables de la formulación de políticas como los productores puedan mejorar la planificación y la gestión de riesgos.