Trinchera de la Noticia, 5 de agosto 2019
Por Néstor Avendaño
Economista y presidente de COPADES
Desde cuando era estudiante de economía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en tiempos en que el centro de estudios no se distinguía si era de Managua o de León, los años agrícolas, que se inician en junio y terminan en mayo del siguiente año, han determinado el aumento o la disminución del producto interno bruto (PIB) de la economía, no sólo por el volumen obtenido de los productos agrícolas sino también por el insuficiente procesamiento industrial de esos productos, porque Nicaragua continúa, como lo demuestra su historia económica, exportando bienes intermedios o materias primas, principalmente a Estados Unidos y a los países del istmo centroamericano.
Nicaragua continúa siendo un país agropecuario, y también forestal como me corrigiera en cierta ocasión el científico Dr. Jaime Incer Barquero, y nunca ha logrado ser un país industrializado. Los últimos dos ciclos agrícolas, incluyendo el actual 2019/2020, han sido tremendamente afectados por la crisis política del 18 de abril que robusteció la incertidumbre de los agentes económicos, no sólo la de los productores, sino también las de los consumidores y del gobierno general.
Por supuesto que apoyar el ciclo agrícola significa apoyar el mejor desempeño de la economía nicaragüense. Sin embargo, desde el año pasado el más importante proceso productivo del país se ha visto impactado por la descapitalización y falta de liquidez de las empresas; la falta de financiamiento, la exigencia de mayores garantías para optar a un préstamo y el aumento de la mora en el pago de las deudas a las entidades financieras; los incrementos de los costos de producción provocados por la reforma de la Ley de Concertación Tributaria; la caída de los volúmenes de las ventas de fertilizantes y agroquímicos y el incumplimiento de la carta tecnológica de parte de los agricultores, es decir, no se asegura la correcta aplicación de los insumos en los cultivos de exportación y de consumo interno; la reducción del número de trabajadores agrícolas y la migración a Honduras o Costa Rica en búsqueda de trabajo; el incumplimiento de las labores agrícolas con la consecuente disminución de los rendimientos; la mayor área de siembra de granos básicos para autoconsumo; y un caso particular, el desabastecimiento de hortalizas en los mercados populares, que elevan los precios al consumidor.
La producción primaria del país también está afectada en este año por la falta de lluvia en el Corredor Seco del país, zona en que la cosecha de granos básicos se destina exclusivamente para el autoconsumo, o sea, una producción para la subsistencia de la población que habita en la región del Pacífico de las zonas centrales de las regiones Norte y Central; el volumen de las exportaciones de frijoles a los países centroamericanos tiende a disminuir; y existe el riesgo de que aumente la dependencia de las importaciones en el consumo de arroz.
A lo anterior se agrega el riesgo de que los precios internacionales de los productos primarios (commodities) tienden a disminuir en el escenario de una muy probable recesión económica mundial en 2020.
Tomando en cuenta los resultados productivos del ciclo agrícola 2018/2019 y la tendencia actual de la producción esperada del ciclo agrícola actual, 2019/2020, que son dos ciclos agrícolas golpeados por la crisis, pueden observarse importantes caídas de la producción de los cultivos de café, caña de azúcar, maní, frijol, maíz y sorgo. La menor producción de estos bienes agrícolas implica que el valor agregado o la producción en años calendario de la Agricultura acuse una disminución de 8.0% promedio anual entre 2018 y 2020. En otras palabras, con o sin Diálogo Nacional, la economía de Nicaragua volvería a caer en 2020. Muy preocupante.
Como la agricultura continúa siendo el motor de la oferta interna de bienes y servicios -a manera de ejemplo, en 2018 el 40% del valor de las exportaciones de bienes FOB del país correspondió exclusivamente a materias primas de origen agrícola, con o sin algún proceso industrial, al sumar US$1,011 millones-, cabe afirmar que en tiempos de crisis el comportamiento de la Agricultura no es nada más que desempeño productivo de la Economía de Nicaragua.
A esta fecha, el ciclo 2019/2020 está más deteriorado que el ciclo 2018/2019 y sólo la tarea nacional de iniciar el restablecimiento de la confianza de los agentes económicos, principalmente productores e inversionistas, podrá detener y revertir la trayectoria declinante de la producción agrícola, pecuaria y silvícola. La solución de los problemas nacionales pasa por un Diálogo Nacional que deponga los intereses personales ante el Interés Supremo de la Nación: resolver los problemas políticos, evitar un mayor deterioro y restablecer el crecimiento de la economía nacional y mejorar el nivel de vida de la población.
Varios servidores públicos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo han manifestado que la reactivación de la microempresa y la pequeña empresa será la vía para restablecer el importante crecimiento económico del país que se observaba antes de la crisis del 18 de abril de 2017. Esto no será posible, aunque el número de microempresas y pequeñas empresas constituya aproximadamente el 80% del total de las empresas radicadas en el país, porque sólo aportan el 40% de la producción total del país, pero concentran, aún con sus excepciones, gran parte de la informalidad del mercado laboral: sus puestos de trabajo carecen de infraestructura tecnológica y son ocupados por personas con poca educación técnica.
En estos momentos cabe recordar el consenso de las tres acciones a tomar para salir de la adversidad que vivimos en Nicaragua, que se lograron en el Foro Empresarial y Profesional realizado en el INCAE el 8 de enero de 2019:
- A) Fortalecer la organización empresarial, representada por todos los sectores.
- B) Crear condiciones para una negociación nacional magnánima y con sentido de patria, con pocos actores, pero con representatividad, confianza y prestigio.
- C) Trabajar en el establecimiento de la negociación, agenda, normativas, procedimientos y contar con la ayuda de expertos.