La Prensa 02/12/2020
La convulsión política y la crisis sanitaria en 2020 han tenido un enorme costo para los nicaragüenses. En tres años, el Producto Interno Bruto ha retrocedido a niveles de siete años y las perspectivas para 2021 no lucen prometedoras si en Nicaragua no se logra un acuerdo nacional, que pase por una reforma electoral que clarifique el futuro, advirtió este martes el gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua, Mario Arana.
Durante una ponencia virtual denominada Oportunidades y perspectivas económicas 2021, Arana hizo una radiografía de la economía con cifras oficiales que permanecieron ocultas por más de 150 días y recordó que estas lograron salir a luz de manera forzada por parte del Gobierno para poder conseguir recursos con el Fondo Monetario Internacional.
“En todo este periodo (2018-2020) hemos perdido el 14 por ciento de nuestro Producto Interno Bruto… el país tiene que ver cómo trata de crecer lo más rápido posible, eso no es necesariamente fácil, involucrará acuerdos políticos internos, involucrará una gestión efectiva internacional para atraer recursos para el país, para atraer inversiones, recursos frescos posiblemente inversión privada, entonces tenemos enormes retos en ese sentido para Nicaragua”, afirmó Arana, quien también es presidente de la Cámara de Comercio Americana.
“Tenemos una economía muy contraída que ha perdido bastante su dinamismo, que ha regresado a los niveles de hace siete años atrás, como que no han pasado siete años, ha sido una contracción de menos 14 por ciento”, lamentó Arana.
Los que resisten
El también extitular de Hacienda y del Banco Central señaló que ya no existe posibilidad de que la economía este año cierre con mejores perspectivas, aunque en los primeros tres meses del año se hayan dando signos de recuperación, la que fue golpeada por la pandemia y los huracanes Iota y Eta.
Por un lado Arana resaltó que este año el dinamismo en pesca, manufactura, comercio, pecuario y la agricultura, entre otros, pero también mencionó las contracciones en hoteles y restaurantes, energía y agua, así como el sector financiero, que son claves en cuanto a mostrar el estado de salud de una economía.
Los números revelan que hay caída en los ingresos de los hogares aunado también a una baja en los cambios de patrones de consumo debido a la autocuarentena voluntaria, todo esto aliviado por una posible recuperación de las remesas.
Todo eso ocasionará que el consumo privado caiga este año tres por ciento, igual que en el 2019 y ligeramente menor al 4 por ciento en el 2018. En tanto, la inversión fija privada caerá ocho por ciento, luego de contraerse en el 2019 un estrepitoso 38 por ciento y 32 por ciento en el 2018, explica Arana.
Exportaciones golpeadas
A este lastre no escapan las exportaciones, principalmente las ligadas a zona franca. Solo en los ingresos por servicios, Arana mencionó que hay caídas del 37.1 por ciento; en zona franca 29.9 por ciento, todo esto contrarrestado por un crecimiento de nueve por ciento en los envíos de productos tradicionales.
Con ello, en términos globales habría una reducción del 11 por ciento en los ingresos totales por exportaciones al finalizar el año, que contrastará con el crecimiento del cinco por ciento el año pasado y la caída de 1 por ciento en el 2018, añadió Arana citando proyecciones de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social.
Toda esa realidad conduciría a Nicaragua a una contracción del cinco por ciento en el 2020 que se sumarán al 3.9 por ciento de contracción en el 2019 y de 4 por ciento en el 2018.
Y aunque para el 2021 varios organismos a nivel internacional esperan una recuperación económica, Arana dice que las cifras proyectadas están por debajo del cuatro por ciento que se lograban antes del 2018.
No ven a Ortega fuera del poder
El supuesto que utilizada por ejemplo Economist Intelligence Unit (EIU), es que la economía no crecerá más allá del dos por ciento a partir del 2021 porque no miran al Gobierno de Daniel Ortega fuera del poder. Arana recordó que por 10 años la economía crecía por encima del cuatro por ciento, lo que muestra el impacto de la crisis en futuro.
Arana advirtió que las bajísimas tasas de crecimiento que proyectan para Nicaragua los organismos se tienen que cambiar y para ello cree que se requerirá una negociación para un entendimiento. «El reto para cambiar estas proyecciones va a estar en hacer decisiones políticas atinadas, ojalá que las partes una vez que ya se sientan realmente (claras) tienen que negociar algún entendimiento y hasta el momento se está negociando de una manera muy particular, digamos que unos se organizan y los otros tratan de desorganizar y de hasta reprimir», dijo.
Arana dijo que espera que haya una negociación en algún momento, pero no dejó claro entre quiénes, si entre la oposición o con el Gobierno. Solo afirmó: «en algún momento deberá haber una negociación esperemos que al rededor de las reformas electorales y eventualmente una vez que quede claro el panorama de las elecciones debería de encontrarse la congruencia que permita una mejor proyección de las tasas de crecimiento sino las expectativas para Nicaragua no lucen prometedoras».
Arana señaló que otro elemento es que las proyecciones económicas de caída de cinco por ciento para este año posiblemente se deberá sumar un punto más de contracción por los efectos de los huracanes Iota y Eta, lo que implicaría un empeoramiento de la previsión.
La banca tiene mucho miedo
Para el desarrollo y recuperación de los negocios se requiere capital de trabajo y hay miles de personas y empresas que dependen de la banca privada, pero ¿cuál es el panorama en este sector, luego de tres años de recesión económica?
Arana dijo que la banca en general permanece con niveles altos de liquidez y no está prestando mucho, pese a que varios de sus indicadores han mejorado, principalmente el relacionado con los depósitos. «Depósitos que habían llegado arriba de los 5,100 millones de dólares cayeron a 3,600 millones hasta diciembre de 2019 , pero a estas alturas subieron a cuatro mil, es decir que los números son menos negativos».
El problema es que entre los bancos persiste la incertidumbre, temen, según Arana, que hayan nuevas corridas de depósitos a medida que no se supera la incertidumbre económica y política. Y por eso han optado por ser muy conservadores para garantizar tener el dinero de los ahorrantes en la mano en caso de cualquier eventualidad.
Esa incertidumbre, no obstante, tiene un costo económico elevado: una cartera de crédito excesivamente restringida especialmente en préstamos personales, compras de vehículos y viviendas.
Las expectativas para que la banca flexibilice sus créditos en contexto de urgencia son lentas, señaló. Arana dice que en dependencia de cómo evolucione la situación política, se irá abriendo paso el financiamiento. «Mientras la banca sienta niveles de incertidumbre alto, ellos tendrán elevada su liquidez, pero lo que está ayudando es que los depósitos han vuelto a crecer», tras la crisis de 2018 cuando las personas comenzaron a retirar sus dólares.