La Prensa, 13 de enero 2021

En los 15 minutos que Daniel Ortega habló del desastre que ocasionaron los huracanes Eta e Iota esto fue lo que no dijo

El dictador Daniel Ortega, en su primera comparecencia pública del año, dedicó parte de su discurso a defender su gestión ante la emergencia y daños provocados por los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020, especialmente en las regiones de la Costa Caribe nicaragüense, elogiando las medidas que ha implementado y las acciones con las que respondió a la situación de vulnerabilidad en la que todavía se encuentran los damnificados de esas zonas.

Mas allá de un plan de reconstrucción para las zonas que fueron devastadas en la Costa Caribe Norte, por donde ingresaron los dos huracanes – de categorías 4 y 5 -, Ortega se enfocó en resaltar la disposición de las brigadas estatales para hacerle frente a estos desastres.

En los escasos 15 minutos que utilizó Ortega para hablar del desastre que dejó a miles damnificados, se pudo identificar al menos cuatro planteamientos que el dictador mencionó a su conveniencia – omitiendo u ocultando denuncias de la población – sobre la atención en esta zona.

1. Las obras que hemos desarrollado en la Costa del Caribe, zona que estaba abandonada y donde hemos titulado, todas las comunidades de los pueblos originarios que están ahí en la costa, las comunidades miskitas, las comunidades mayagnas, las Rama Kay, las afrodescendientes, ahí se han distribuido títulos.

Si bien es cierto el régimen ha entregado títulos de propiedad en varios departamentos del país, incluyendo comunidades de la Costa Caribe de Nicaragua, para un total de 2,650 títulos en el 2020, estos han sido entregados, en su mayoría, a partidarios del Frente Sandinista, lo que ha creado denuncias de pobladores ante la politización de su derecho a la tierra.

Ortega tampoco mencionó que en esas zonas del Caribe nicaragüense, muchas comunidades por años han sido objeto de constantes amenazas y ataques armados de colonos contra comunitarios, cuyas tierras han sido usurpadas y saqueadas muchas veces tras invasiones violentas. Comunidades enteras han optado incluso por huir de sus viviendas para evitar ser asesinadas.

El año pasado, al menos 13 comunitarios del Caribe Norte fueron asesinados cuando defendían sus propiedades de colonos armados, cuyo principal objetivo ha sido despojarlos de sus tierras para el uso indiscriminado de los recursos naturales en actividades agrícolas y ganaderas, según los registros del Centro de Asistencia Legal a los Pueblos Indígenas (Calpi).

Calpi también registra otras cinco personas heridas, dos hombres secuestrados, dos agresiones contra menores de edad, una niña secuestrada, así como el desplazamiento forzado de al menos 30 familias de la comunidad miskita Sangni Laya.

El primer ataque de 2020 se produjo en enero, cuando un grupo de colonos asesinaron a cuatro indígenas, incendiaron 16 viviendas y mataron unas veinte vacas en la comunidad Alal, ubicada en el territorio Mayangna Sauni As, en la Reserva Biológica de Bosawas.

El 17 de febrero ocurrió otro ataque, esta vez en la comunidad Santa Clara, ubicada en el territorio miskitu Wangki Twi Tasba Raya, en Waspam, donde una adolescente de 15 años resultó herida de bala en la mandíbula cuando se bañaba en un río junto a su familia.

Meses más tarde, en la comunidad Sangni Laya, más de 30 familias optaron por huir de su comunidad ante la amenaza de los colonos sobre un ataque armado.

Y aunque el régimen orteguista prometió impartir justicia en este caso y atender las violaciones de los derechos humanos de las víctimas, después de los hechos, poco se sabe sobre las acciones precisas que se han desarrollado para garantizar que las comunidades no vuelvan a ser acechados ni atacados por sus territorios.

2. Estamos trabajando para construir el puente, ya está en plan el puente sobre el Río Wawa, un río inmenso que hay que cruzarlo con la barcaza, y cuando llueve mucho se desborda y hasta la barcaza se pierde, se desvía, se detiene el tránsito.

Aunque el tema de la construcción de un puente sobre el Río Wawa que conecte a Bilwi vía terrestre con el pacífico tomó fuerza en 2020 tras el impacto de Eta e Iota en el Caribe Norte, esta idea ya tenía dos años de haberse anunciado sin lograr en ese tiempo avances significativos. La necesidad del mismo es además histórica, pero en sus 14 años en el poder Ortega no ha hecho ningún avance en el tema.

Fue en agosto de 2018 cuando por primera vez se hizo mención concreta sobre la construcción de un puente que cruce el Río Wawa, la única vía de acceso terrestre a Bilwi, con la presentación de un estudio de factibilidad cuyas proyecciones contemplan un puente de 240 metros de longitud y 12.40 metros de ancho. Desde la presentación de ese estudio, ese proyecto sigue estando en papel.

A finales de diciembre, el Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI) cambió el lanchón que se utiliza para transportar vehículos, carga y personas a través del río. El viejo lanchón con cada lluvia fuerte que ocasionara la crecida del Wawa, se quedaba varado e incluso fue arrastrado por las fuertes corrientes tras el paso de Iota. Cada vez que esto pasa Bilwi queda incomunicado.

En agosto de 2020 el régimen volvió a mencionar este proyecto, cuando se presentó en Bilwi el diseño del mismo. Y aunque el régimen informó que en diciembre de 2020 iniciaría la construcción de este puente, no mencionó de dónde saldrán los fondos o el financiamiento. Tampoco han precisado en cuanto tiempo se estima que culmine, ni siquiera está claro su inicio debido a que esta no aparece reflejada en el Sistema de Compras y Contrataciones del Estado (Siscae) de 2020 y tampoco en la cartera de proyectos 2021.

3.  Todo el personal civil que se desplazó, las brigadas médicas, brigadas de salud, brigadas de construcción, inmediatamente estaban trabajando con la comunidad, para limpiar y empezar un proceso de reconstrucción.

Una semana después del impacto del primer huracán en Bilwi, el 3 de noviembre de 2020, los destrozos causados por el fenómeno natural en las calles del municipio caribeño todavía eran notorios y los reclamos de la ciudadanía por la falta de respuesta en cuanto a la cantidad de basura que imperaba en la ciudad se generalizaba. La falta de servicio de agua potable y energía eléctrica agudizaron la emergencia sanitaria y alimentaria.

Fue cuatro días después, el sábado 7 de noviembre, que la Alcaldía de esa ciudad se apareció para realizar mínimas labores de limpieza en ciertos puntos del municipio. Siete días después – a través de un recorrido realizado el 15 de noviembre, justo un día antes de que el segundo huracán (Iota) impactara nuevamente esta zona caribeña – LA PRENSA pudo corroborar esta realidad: los restos de árboles caídos y cúmulos de basura se acumulaban en las aceras de toda la ciudad. La respuesta de la población: «aquí nadie viene a limpiar y solo se acercan para tomarse fotos».

El 18 de noviembre, cuando el potente huracán Iota de categoría 5 ya había pasado por Bilwi, la escena de destrucción se agravó. Casas completamente destruidas, letrinas rebalsadas, pobladores recogiendo lo poco que quedó de sus viviendas y el clamor por conseguir agua y comida.

En 24 de noviembre, habitantes del barrio Spanish Town, en Bilwi, colocaron en medio de la calle toda la basura que aún estaba en las aceras de dicho barrio como presión para que la comuna se presentara a recogerla.

Lo mismo ocurrió el pasado 24 de diciembre, cuando pobladores del barrio Arlen Siu, también en Bilwi, bloquearon la calle principal de ese barrio en protesta por la cantidad de basura que se encontraba en ese lugar desde el primer huracán. Así han venido denunciando pobladores de otros barrios por la inactividad de la comuna de Bilwi para dar respuesta al problema de la basura que dejaron los huracanes. La situación del agua potable y energía eléctrica solo ha mejorado gradualmente en el casco urbano de Bilwi, pero en las comunidades como Wawa Bar y Karata estos servicios siguen suspendidos.

4. Se garantiza que, lo que llega, llegue a las personas damnificadas, desde alimentos para niños, adultos, ropa y ahora el proceso de reconstrucción de vivienda, escuelas, puestos de salud.

Si bien es cierto el régimen ha movilizado cargamentos de alimentos – gestionados en su mayoría por el Programa Mundial de Alimentos y donantes internacionales –  y materiales como láminas de zinc, para ayudar a las familias afectadas por los huracanes en el Caribe Norte, muchos habitantes de la zona reclamaban porque estos paquetes alimenticios y laminas de zinc para reconstruir los techos estaba siendo entregados a personas afines al partido de gobierno.

El 3 de diciembre, pobladores del barrio Nueva Jerusalén, en Bilwi, cerraron la calle principal del barrio y quemaron llantas en protesta por la entrega sesgada de láminas de zinc por parte del régimen. «Mientras que en algunas casas beneficiaron hasta a cinco personas a nosotros nos dejaron en cero», expuso en esa ocasión uno de los afectados.

Otros pobladores del barrio El Caminante y El Muelle, también denunciaron la entrega sesgada del Plan Techo en ese municipio, alegando que a pesar que los Comités de Liderazgo Sandinista (CLS) hicieron un censo para recabar los datos de las familias afectadas, al momento de la entrega les informaban que «ustedes no están en la lista».


Habitantes del barrio Nuevo Jerusalén protestan por la exclusión en la entrega del Plan Techo. LAPRENSA/TOMADA DE REDES

Comunidades del litoral sur de Bilwi, como Wawa Barr, que fueron completamente arrasadas por el impacto de los dos huracanes, y continúan haciendo el esfuerzo por reconstruir sus viviendas. En esta comunidad, donde habitan unas 400 familias, el régimen solo ha entregado 20 láminas de zinc a 20 familias afectadas y los paquetes alimenticios son insuficientes para sustentar a las familias por más de dos o tres días, según reportes de los mismos comunitarios.

Según el último informe preliminar presentado por el régimen orteguista, el 24 de noviembre de 2020, al menos tres millones de personas estuvieron expuestas por los huracanes Eta e Iota, principalmente en las zonas de la Costa Caribe Norte, el Triángulo Minero, Nueva Segovia, Jinotega y Chinandega. Los daños ascienden a 742 millones de dólares y dejó un total de 5,800 viviendas afectadas totalmente y más de 38 mil hogares con daños parciales.