La Prensa 05/03/2021

Aunque a nivel mundial las tasas de interés están prácticamente en cero, el efecto de esto no se ha sentido sustancialmente en el costo del dinero en Nicaragua, pese a que más del ochenta por ciento del Sistema Financiero Nacional está dolarizado. En el país, el Banco Central también en los últimos tres años de recesión ha desarrollado políticas para abaratar el acceso del córdoba al Sistema Financiero Nacional, pero tampoco eso ha estimulado que los intereses bajen sustancialmente.

En el 2020, por ejemplo, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos dejó casi en cero las tasas de interés, las que se mantienen hasta la fecha, en Nicaragua la tasa de interés para préstamos dolarizados de corto plazo se ubicó en promedio en  10.31 por ciento, mientras que en el año anterior fue de 11.42 por ciento, según estimaciones del economista Néstor Avendaño, con base en cifras de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif).  En el 2017 esta tasa era de 11.86 por ciento.

Según Avendaño, atrás no se quedan inclusive los intereses que se cobran por los préstamos en córdobas sin mantenimiento de valor, pese a que el Banco Central en los últimos meses ha impulsado una política de inyectar liquidez al Sistema Financiero en córdobas sin mantenimientos de valor.

Pero además el Banco Central redujo la Tasa de Referencia de Reportos Monetarios (TRM) en 25 puntos base, pasando de 4.5 por ciento  a 4.25 por ciento a partir del 3  de agosto de 2020 y  en enero de 2021 se situaba en  3.75 por ciento.

En ese sentido, Avendaño observa que «esa disminución de las tasas de interés del BCN no se refleja en las tasas del sistema bancario, o sea, no hay  ninguna correlación entre las tasas monetarias y las tasas bancarias para los depositantes y para los prestatarios».

«El año pasado el BCN  ofreció un  préstamo a toda la  banca y  se los  entregó  para que fuera  canalizado a seis  meses  plazo  para  los productores  agropecuarios, con  una tasa ya reducida, estaba alrededor del cinco por ciento, pero las entidades bancarias en  vez de  asignarlo a la producción  fueron a comprar  bonos  emitidos por el Ministerio de Hacienda, con  tasas del 11 por ciento  con  mantenimiento  de valor,  creo que hoy  las tasas de los papeles andan  en un  siete por ciento a dos años plazo», dijo.

A criterio del economista, «las  tasas de  interés de  la banca privada en  Nicaragua se fijan  sin tomar  en   cuenta las tasas de  interés internacionales  y la tasa de interés monetaria y  están   influenciadas grandemente por la magnitud de los riesgos políticos, económicos y  financieros, pero  estimados, esos riesgos, por las mismas entidades bancarias».

Avendaño cree que la política que el Banco Central de Nicaragua ha impulsado para rebajar las tasas de interés, al menos en los préstamos que provienen de los recursos que la entidad facilitó a los bancos, debería verse reflejada y debido a que esto no ocurre las autoridades deberían buscar un diálogo con el Sistema Financiero para incidir en que esta realidad del costo del dinero cambie.

«Debería influenciarlo el BCN  y  debería en cierta forma  determinar esa relación entre las tasas monetarias  y  las tasas pasivas del  mercado, en común acuerdo con  los representantes de la banca privada, pero no lo hacen porque la política financiera  para el BCN  no es tan importante  como la política monetaria y la política cambiaria»,  consideró.

Es decir, que a criterio del economista, las autoridades del máximo emisor bancario priorizan más su política de asegurarse que las reservas internacionales, por ejemplo, se mantengan robustas, en lugar que sus medidas incidan en el Sistema Financiero.

Insistió en  que el BCN no ha desarrollado  una robusta política financiera y eso genera que las  entidades bancarias  pongan  la tasa de interés  que ellos determinan y determinen un nivel de riesgo país, que a criterio de Avendaño, está divorciado de la realidad de Nicaragua.

Entonces,¿qué hacer? El economista dice que el Banco Central debe establecer un diálogo con el Sistema Financiero Nacional para revisar las variables y ver cómo estas se adecuan más a la realidad del país, pero además admitió que se debe trabajar para reducir el riesgo país, el que admitió es alto.

«El riesgo político de Nicaragua es muy alto, disminuirlo es una tarea casi exclusiva de las autoridades gubernamentales, pero con el apoyo de la población. En este campo es importante mejorar indicadores de índole político, principalmente los relacionados con la estabilidad de las leyes, la seguridad jurídica y la imparcialidad de los jueces; el conflicto con los Estados Unidos; el comportamiento profesional de las fuerzas del orden público; las condiciones socioeconómicas de la población (desempleo, subempleo, pobreza y desconfianza del consumidor); el respeto del contrato y la estabilidad de las reglas; y la potencialidad del conflicto social», explicó Avendaño.

En ese sentido, admitió que este indicador de riesgo político «provoca la reducción de la oferta de préstamos, externos e internos, por lo cual se genera un exceso de demanda por fondos prestables y el aumento de la tasa de interés de los préstamos».

También se deben  revisar las  normas prudenciales de  la  Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones  Financieras (Siboif). «Habría que flexibilizar esas normas prudenciales al momento  en que la economía de  Nicaragua  está  golpeada por una crisis política y por una crisis sanitaria mundial», dijo.

La propuesta incluye que  se  otorgue  a lo sumo un semestre de gracia, prorrogable si es necesario, a los deudores, empresarios y consumidores, que lo soliciten, demuestren la necesidad y califiquen, independientemente del nivel de riesgo del prestatario, y trasladen el pago de capital e intereses que corresponde a ese período hasta el final del plazo del préstamo, sin requerimiento de provisión establecido por la Siboif.

«Si se concede un semestre de gracia, en  el  pago del préstamo esos intereses y amortizaciones se deberían  trasladar al  final del plazo del préstamo  para no hacer más  pesada la carga financiera de los prestatarios», puntualizó el  economista.

Otra norma prudencial que  prevén  es poder hacer  reestructuración de créditos, es decir, tasas de interés, plazos y cuotas, sin que se disminuya la calificación del prestatario al momento en que se autorice la reestructuración del crédito.

Y es que cuando se reestructura un  crédito se deteriora la calidad de los  prestatarios, es decir la banca comercial y  al reducirse la calidad del prestatario  puede  pasar de un  préstamo  A a un  préstamo  B y  cuando  baja de categoría,  las normas de la Siboif le exigen a  las entidades  bancarias elevar las  reservas por  depósitos afectados.

«Los bancos  debilitan su  capital  por  atender préstamos  reestructurados,  entonces  nuestra propuesta es decirle a la  Superintendencia: señores  no apliquen  la norma prudencial de degradar   el  préstamo  porque esto se está dando  por un problema extraeconómico  que puede ser en este caso lo  más reciente el coronavirus y por supuesto no es mala gestión  de los deudores, aquí  se ha  cerrado el  mercado,  la producción de servicios ha caído, por consiguiente se reestructura el  préstamo, pero se mantiene  la calificación  inicial sobre el  préstamo reestructurado», sostuvo.

De lograr todas estas acciones, Avendaño dice que las tasas actuales bajarían a entre 7 y 9 por ciento para los préstamos en córdobas sin mantenimiento de valor, y en el caso dolarizados a entre 5 y 7 por ciento.

Urge Banca estatal

A  largo  plazo  se necesita  restablecer la banca comercial  estatal  y  esto es una decisión  política,  a juicio de Avendaño. Destaca que  Nicaragua ha entrado a una etapa en la cual  tendrá que hacer ingentes esfuerzos para volver a crecer económicamente.

Citó como ejemplo que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)  prestó unos recursos para que se los  facilitaran a las  micro, pequeñas y  medianas  empresas y  estos no fueron  asignados. «En el   foro  que hicimos, dos  productores dijeron  que los funcionarios de la  banca les dijeron que no podían  optar a ese préstamo  porque  no podrían cumplir los términos y  no se los dieron, entonces el BID se los llevó de regreso, entonces esto  indica que las mipymes  no son  sujetos de  créditos de la  banca comercial  convencional, por lo tanto se necesita una banca donde atiendan a los productores».

En Nicaragua el 60 por ciento de la empresas  son  micro y  aportan 40 por ciento del PIB, por lo que se debe atender  de manera crediticia y tecnológica a este  sector.

«La banca estatal  a la producción tendría que someterse a la  funcionalidad como si fuese  banca privada, pero la política crediticia tendría que ser totalmente distinta a la  que observamos en la banca tradicional.  Por ejemplo,  la política de  crédito  dirigida que existía en  la década de los 70, 80 y  que terminó en los 90, es un instrumento  que facilita al sector  público  que se alcancen  las  metas de inversión estratégicas para la economía», dijo.

La política a la que hace referencia el  economista es  aquella que indicaba  topes de  cartera para cada  rubro  agrícola e incluso para rubros de exportación. «Ya habían  tasas de  interés  bastante adecuadas a la capacidad de los productores agropecuarios, pero  esta  banca cerró  por el  ‘movimiento no pago’ y  aquí los  líderes políticos  intervenían en las asignaciones  crediticias de la banca estatal  y  ese tipo de  conductas  habría que clausurarlas», advirtió. En Nicaragua edificar  una banca nacional  tomará tiempo  y  se deberá crear su  red regional, y capitalizar  ese banco.

Nicaragua sin  riesgo de convertibilidad

Avendaño  anota que en el país  no  hay  problemas en cuanto a la capacidad de  convertir córdobas  en  dólares porque  se fueron  1,300 millones de dólares  en depósitos en  2018,  y  el  BCN  vendió  los dólares a la banca comercial  para  devolver los  depósitos, entonces  siempre hay  convertibilidad. Además una parte de estos fondos está retornando.

«Aquí  las  reservas internacionales  se  han  cuidado  en forma extrema,  el problema inflacionario no existe (…),  pero  lo que se debe de revisar es el riesgo país porque veo que el riesgo país es bastante elevado por el componente político, pero menos afectado por  los riesgos económicos y  financieros, y  esto se debe revisar porque al determinar esos riesgos se determina la tasa de interés de corto plazo para  los  prestatarios y  los depositantes»,  sostuvo  el  economista.