Trinchera de la Noticia, 05/07/2021

Por Néstor Avendaño, economista y presidente de COPADES

Aunque la tasa de inflación interanual casi se duplicó con la reforma tributaria de febrero de 2019, al pasar de 3.4% en febrero de 2019 a 6.4% en febrero de 2020, y volvió al rango observado en 2017 de [3.2%, 4.4%] en el primer trimestre de 2021, el mercado laboral formal, tras haber alcanzado un promedio mensual de 914,196 puestos de trabajo en 2017, registró una pérdida de 199,731 puestos de trabajo durante el trienio 2018-2020 hasta 714,645, con base en datos del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS)

En el período enero-abril de 2021, el promedio mensual de dichos puestos de trabajo que cotizan la seguridad social es 747,382. Se han restablecido apenas 32,917 puestos de trabajo formales y no se han restaurado 166,814 puestos sin tomar en cuenta el aumento de la población económicamente activa (PEA), cuya cifra oficial desconocemos . La recuperación del empleo está lejos de alcanzar, y sin saber la situación del mercado laboral informal debido a la insuficiencia de datos de desempleo equivalente y de pleno empleo. Además, sin aumento de las vacunas contra el COVID, que tiene una muy baja cobertura de los dos pinchazos en la población del país, las personas siempre se sentirán incómodas o inseguras al regresar al trabajo.

Los shocks de oferta y demanda por causas extraeconómicas han estado a la orden del día en el país desde 2018. La crisis política interna, que se mantiene desde abril de 2018, y la pandemia mundial del COVID-19, que se presentó en el país en marzo de 2020, cerraron empresas y aumentaron el desempleo, o sea, destruyeron puestos de trabajo y se produjo el shock de oferta. ¿Cuál es la institución pública que se ha preocupado por lograr que el mercado laboral vuelva a la normalidad?

Por esos dos problemas extraeconómicos arriba mencionados, los trabajadores desempleados perdieron sus ingresos y, adicionalmente, la reforma tributaria de febrero de 2019, en un momento de recesión económica interna, elevó los costos de producción y aceleró la tasa de inflación, por lo que se produjo el shock de demanda. En otras palabras, se redujo la demanda interna, es decir, el consumo de las familias y la inversión privada en construcción y adquisición de maquinaria y equipo.

Sin embargo, existe otra variable que contribuye a explicar la caída de la demanda de bienes y servicios de consumo final de los hogares. Esa variable es el salario nominal promedio del sector formal que comprende, de acuerdo con el Ministerio del Trabajo (MITRAB), a las empresas de más de 20 trabajadores y afiliadas a la seguridad social.

En córdobas corrientes de cada mes y año, o sea, el salario nominal o monto en córdobas que el trabajador recibe por su servicio laboral, apenas mostró un incremento de 3% acumulado entre enero de 2018 y marzo de 2021, al pasar de C$10,685 en diciembre de 2017 a C$11,006 en marzo de 2021. En ese mismo lapso se registró una tasa de inflación nacional acumulada de 15.1%., Por consiguiente, el salario real (que elimina la inflación), o poder adquisitivo del salario, se redujo 10.4% en ese mismo período.

Las crisis usualmente están acompañadas de caída de la producción, baja inflación y alto desempleo, pero las reaperturas o la reactivación de las economías avanzadas dado el control del contagio de COVID ahora se enfrentan a la obstrucción de las cadenas de suministros (los semiconductores), alzas en los precios de los insumos (una gran volatilidad de los precios de los combustibles, los alimentos, la madera) y aumentos “irregulares” de precios al consumidor (automóviles, viviendas), por lo cual las empresas están aumentando los precios y los salarios. Las economías avanzadas y las economías petroleras están exportando inflación.

En estos momentos no se observa evidencia de que las expectativas de inflación en Nicaragua se están saliendo de control.

La política monetaria continúa siendo contractiva con la colocación de Letras del Banco Central de Nicaragua (BCN) con el plazo de 1 día y con una tasa de rendimiento de 4.75% en córdobas sin mantenimiento de valor, no obstante la tasa de interés monetaria o interbancaria del BCN, o tasa de referencia de reportos monetarios, es 3.5% en córdobas sin mantenimiento de valor. Por su parte, la política fiscal también continúa siendo contractiva, con los efectos de una reforma tributaria que se está agotando en mantener su objetivo recaudatorio desde octubre de 2020, mientras que el gasto gubernamental se mantiene prácticamente congelado y el déficit fiscal está cercano al 0% del producto interno bruto (PIB).

El profesor John Maynard Keynes hablaba de estímulo fiscal para la reactivación de la economía y la generación de empleo, y era un escéptico de los estímulos monetarios, ahora llamados como “flexibilización cuantitativa” (QE, quantitative easing), que tratan de lograr la recuperación de los precios con la emisión de dinero. Keynes fue mordaz al argumentar que el aumento de los precios es un efecto de recuperación, no una causa de ello, y agregó que tratar de aumentar la producción aumentando la cantidad de dinero era como “tratar de engordar comprando un cinturón más grande”.

En estos momentos, ¿se podría aumentar el salario en Nicaragua con el propósito de aumentar la producción? Mi respuesta es no, porque podría dar origen a una espiral salario-precio, que se vuelven endémicas, y frenar esa espiral con los aumentos de las tasas de interés, de por sí ya elevadas en un momento de recesión económica, implicaría continuar con la destrucción de los puestos de trabajo. Incluso, habría que tener cuidado con los aumentos del salario mínimo, porque podría presionar la tasa de inflación hacia arriba si existiera una creciente demanda de trabajo en el mercado laboral. A la fecha, en  estos tiempos de crisis, los ajustes del salario mínimo de Nicaragua han sido mínimos: 0.52% en 2019; y 3.0% en 2020.

La preocupación económica es que el aumento de los salarios con una demanda decaída de trabajo obligará a las empresas a subir los precios, y esto conduciría a los trabajadores a pedir más ajustes salariales y crearía presiones inflacionarias que tendrán que ser aplacadas por el BCN. Hay que evitar el surgimiento de la espiral salario-precio.