La Prensa 08/03/2022
En Nicaragua, si bien hay más mujeres con empleos en la
actualidad, estas continúan ganando menos que los hombres, además, el 99 por
ciento de las trabajadoras ocupadas en sectores de baja productividad no
están afiliadas a ningún sistema de pensiones, revela el más reciente estudio “Cerrando
brechas de género en el mundo del trabajo. Centroamérica, México, Panamá y
República Dominicana”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Y aunque el BID reconoce que la tasa de participación de las mujeres en el
mercado laboral de la región ha venido aumentando en los últimos 30 años,
aclara que esta se encuentra por debajo del promedio de América Latina y el
Caribe, y muy por debajo de la de los hombres.
En concreto, en 2020 la participación laboral femenina en la región de México,
Centroamérica, Panamá y República Dominicana (denominada Mecapard) estuvo por
debajo del promedio de América Latina y el Caribe y de la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con 61.7 por ciento, 67 por
ciento, y 74 por ciento, respectivamente.
“El aumento de la participación laboral femenina en la región permitió reducir su brecha con la del género masculino de forma significativa al pasar de 51.3 puntos porcentuales en 1990 a 32.8 puntos porcentuales en 2020. No obstante, esta brecha sigue siendo superior a la del promedio de ALC de 25 puntos porcentuales y de 18 punto porcentuales en la OCDE”, se lee en el documento.
Mayor participación laboral de mujeres en Nicaragua
En Nicaragua, según el estudio, la participación laboral promedio para mujeres adultas pasó de 43 por ciento en 1990 a 64 por ciento en 2020. En cuanto a la brecha de género en la participación laboral, en ese año se ubicó en 30.7 puntos porcentuales.
El estudio del BID menciona que el rezago de las mujeres en el ámbito laboral se refleja en mayor informalidad y menor remuneración, así como menos horas trabajadas y pocos puestos gerenciales o de liderazgo político. También destacan que no cuentan con redes de protección social ante el desempleo.
Asimismo, dieron a conocer que la pandemia de la covid-19 agravó la situación del empleo femenino, especialmente en las áreas de salud, educación, comercio y servicios. Además, resaltaron que las medidas de cierre de guarderías y escuelas, así como el aislamiento, influyen en una sobrecarga de trabajo no remunerado y violencia doméstica.
En Nicaragua las madres tienden a incorporarse más al mercado laboral
En Mecapard (México, Centroamérica, Panamá y República Dominicana), la proporción de mujeres jóvenes (25 a 54 años) que no estudia ni trabaja prácticamente triplica aquella de los hombres en esta condición, y más del 70 por ciento de ellas declara dedicarse al trabajo doméstico no remunerado. Dentro de la región, Guatemala tiene la mayor brecha de género para este grupo de edad (43 puntos porcentuales), mientras que Costa Rica tiene la menor (13 puntos porcentuales).
“Un ejemplo en la región es la diferencia en participación laboral entre las mujeres que tienen pareja en relación con las que no la tienen, con 54.5 por ciento y 76.1 por ciento, respectivamente”, detallan.
Sin embargo, aclaran que ese resultado no ocurre en todos los países de la región: “En República Dominicana y Nicaragua, las mujeres con hijos tienden a incorporarse más al mercado de trabajo. En contraste, en el caso de los hombres, los que tienen pareja tienen una mayor participación laboral (97.5 por ciento) que aquellos que no la tienen (89 por ciento), y los que son padres participan más que los que no lo son”.
Finalmente, en el grupo etario de 55 a 64 años, las mujeres de la región parecen retirarse antes del mercado laboral, lo que provoca que la brecha de género se amplía nuevamente y se profundiza más.
El 53 por ciento de las mujeres en Nicaragua se encuentran ocupadas
El estudio indica que las mujeres menos educadas son, a su vez, las que menos participan en el mercado de trabajo a pesar de que en la región se ha incrementado el acceso, la permanencia y la culminación de estudios de las mujeres.
Asimismo, el BID resalta que las mujeres en Mecapard están participando más, pero tienen empleos de menor calidad que los hombres. “Al descomponer la participación laboral de la región entre las mujeres que están ocupadas y las que buscan activamente empleo, se observa que la proporción de mujeres adultas (mayores de 25 años) ocupadas con relación a la población es cercana al 50 por ciento en la mayoría de los países de la región, mientras que para los hombres adultos representa el 84 por ciento”, precisan.
Al respecto, el estudio detalla que en Nicaragua el 53 por ciento de las mujeres mayores de 25 años se encuentran ocupadas, frente al 84 por ciento de los hombres. Cabe destacar que, en la región, el porcentaje correspondiente a Nicaragua se ubica como la tercera cifra más alta, solo superada por Panamá (57 por ciento), y Honduras y República Dominicana, con 54 por ciento cada una.
En materia de desocupación, se observa que en la región esta es relativamente baja para ambos sexos (4.2 por ciento hombres y 5.9 por ciento mujeres). En el caso de Nicaragua y El Salvador, la tasa de desocupación de las mujeres es inferior a la de sus pares hombres.
Específicamente, en Nicaragua la tasa de desocupación ubica a las mujeres con el 5.8 por ciento y a los hombres con el 6 por ciento.
Perfil de empleos ocupados mayormente por mujeres
En relación al perfil de empleo, en la región una gran proporción de mujeres se encuentran ocupadas de manera informal, en el sector servicios y hay muchas autoempleadas. “Esta forma de inserción laboral, si bien les ha permitido una mayor flexibilidad para conciliar el trabajo remunerado con su vida familiar, también se asocia a bajos salarios, menor cobertura de seguridad social y mayor exposición a situaciones de violencia en el trabajo”, enfatizan.
En los países de Mecapard, los niveles de empleo informal – medido como empleo sin afiliación a la seguridad social – son superiores a los de América Latina y el Caribe (63 por ciento contra 57 por ciento). En Costa Rica, Guatemala, Nicaragua y Panamá hay mayor informalidad entre mujeres, mientras que para Honduras y República Dominicana, la incidencia de informalidad es mayor en hombres.
En Nicaragua, el 54 por ciento de las mujeres de entre 15 y 64 años se encuentran ocupadas en sectores de baja productividad: el 1 por ciento de estas cuentan con afiliación a sistema de pensiones y el 99 por ciento están sin afiliación.
Las mujeres de la región tienden a emplearse más en actividades relacionadas al comercio, restaurantes y hoteles, servicio doméstico, salud y educación. Estos sectores representan cerca del 62 por ciento del empleo femenino total, proporción que no ha tenido cambios significativos en los últimos 25 años. Por otro lado, en los sectores de transporte, construcción y actividades primarias, las mujeres están representadas con cerca del 7 por ciento del empleo total de la región.
“Este patrón de segregación del empleo es común y evidente en el segmento de mujeres con menor nivel educativo, dado que su principal acceso al mercado laboral se da a través del sector comercial y de los servicios a los hogares. Por su parte, el empleo de las mujeres con estudios de mayor nivel de escolaridad (secundaria completa y educación terciaria) se concentra en los sectores de educación, salud, administración pública y servicios calificados”, indica el BID.
Además, las mujeres de la región tienden más a autoemplearse y tienen menos presencia como empleadoras y en puestos directivos. Como empleadoras, las mujeres tienen 2.8 puntos porcentuales menos participación que los hombres, mientras que en los puestos de gerentes en el sector privado o de altos cargos políticos en el poder ejecutivo, menos de la mitad de los ocupados son mujeres (42 por ciento y 30 por ciento , respectivamente).
¿Cuántas nicaragüenses están al mando de empresas?
El estudio detalla que en Nicaragua el 60 por ciento de los puestos gerenciales son ocupados por mujeres. Asimismo, casi el 40 por ciento ocupan puestos ejecutivos.
Las mujeres empresarias de la región tienen a su cargo empresas de menor tamaño (medianas y microempresas) que los hombres y, en promedio, estas empresas tienden a ser menos rentables y productivas. En detalle, el 24 por ciento de las microempresas son dirigidas por mujeres, contra un 8 por ciento de las grandes empresas.
En Nicaragua, con datos disponibles hasta 2016, un 21.1 por ciento de las empresas eran lideradas por mujeres, siendo la segunda cifra más alta. La primera corresponde a Belice (21.6 por ciento).
Por otro lado, el BID compartió que persisten las brechas de género en ingresos laborales, pero no debido a diferencias en los niveles de educación. La menor capacidad para generar ingresos depende de múltiples factores, pero principalmente de la menor cantidad de horas que las mujeres de la región dedican al trabajo remunerado en comparación con los hombres, del tipo de empleo al cual acceden y de las interrupciones (por maternidad y matrimonio) y limitaciones en su trayectoria laboral.
Las mujeres de la región dedican un promedio de 39 horas por semana al trabajo remunerado frente a 47 horas de los hombres. En Nicaragua, con datos disponibles hasta 2014, la brecha en horas semanales trabajadas en promedio era de 83.7 por ciento.
Considerando solamente a las remuneraciones de los ocupados en el sector formal, las mujeres en la región perciben 0.837 dólares por cada dólar que ganan los hombres. Y estas diferencias se van ampliando según aumenta la edad. Entre los 15 y 24 años el ingreso de las mujeres equivale al 90.4 por ciento de la remuneración promedio de los hombres, mientras que para las personas entre 55 y 64 años apenas representa el 80 por ciento.
“En Nicaragua (2012), la brecha de remuneración promedio de las mujeres en el sector formal estandarizada a la remuneración promedio de los hombres se ubica en 84 por ciento”, señala el banco.
Asimismo, indican que las brechas salariales de género generalmente se acentúan al final del ciclo de vida y se manifiestan en los menores ingresos que reciben las mujeres en comparación con los hombres por concepto de jubilaciones y pensiones. “En promedio, un 20 por ciento de las mujeres mayores de 65 años en la región reportan recibir este tipo de ingreso contra un 30 por ciento de los hombres”, añaden.
Relación entre PIB per cápita y participación laboral femenina
El BID señaló que la tasa de participación laboral femenina y el crecimiento del PIB per cápita en la región todavía es débil y que los factores económicos, institucionales y culturales tienen un importante peso en cada país.
Con mejoras a la normativa laboral, indicó, la tasa de participación laboral femenina en la región podría aumentar entre 3 y 5 puntos porcentuales, y en consecuencia el PIB per cápita entre 0.8 y 2.3 puntos porcentuales en alrededor de dos años.
“Hay estudios que sugieren que una distribución más eficiente de hombres y mujeres entre sectores económicos y al interior de las organizaciones puede generar importantes ganancias de productividad”, se lee en el documento.
A pesar de todos los beneficios que representaría una mayor participación laboral femenina en la región, los resultados muestran que su crecimiento se ha venido desacelerando en los últimos años y existe un importante riesgo de que se estanque o revierta.
“Dentro de la región, este estancamiento es claro para México, Guatemala, El Salvador y Costa Rica. No obstante, en países como Panamá, República Dominicana, Honduras y Nicaragua, la participación laboral femenina ha continuado aumentando. Además, es posible que esta se revierta en los próximos años debido al riesgo de automatización de los empleos, al impacto reciente de la pandemia de la covid-19 en los sectores con mayor empleo femenino y a la carga de trabajo no remunerado, entre otros”, precisan.
¿Qué factores inciden en la participación laboral femenina en la región? El estudio resalta que uno de los factores es el capital humano que hayan logrado acumular a lo largo de su vida. Asimismo, las decisiones para formar una familia, como el estado civil y el número de hijos; el resto de los ingresos que recibe el hogar y el contexto económico, institucional y sociocultural.
La covid-19, un riesgo para la participación laboral femenina
La pandemia destruyó una importante cantidad de empleos y afectó en mayor proporción al sector informal, donde suelen tener mayor presencia las mujeres de los países de Mecapard.
Entre marzo y diciembre de 2020, la caída en el empleo total (tanto formal como informal) fue superior a la registrada en el empleo formal (cotizantes en la Seguridad Social) en algunos países de la región, como Costa Rica, El Salvador y México.
Por otra parte, encuestas revelaron que en otros países como Guatemala, Honduras, y Nicaragua, la probabilidad de que se dieran licencias temporales de suspensión de actividades laborales fue más alta entre mujeres que entre hombres en agosto de 2020. Lo mismo se estima en cuanto a los despidos en ese mes.
Propuestas para Nicaragua provenientes del índice WBL
El estudio hace énfasis en que Nicaragua podría avanzar en igualdad de género en el mercado de trabajo si elimina las siguientes restricciones:
-Una mujer no tiene derecho a licencia de maternidad de por lo menos 14 semanas remuneradas.
-El gobierno no otorga el 100 por ciento de las prestaciones de la licencia de maternidad.
-No se tienen en cuenta los períodos de ausencia por cuidado infantil para la pensión por jubilación.