La Prensa 07/06/2022
La ola de incrementos de precios que recorre el mundo traerá más pobreza a Nicaragua. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) teme que la pobreza, que hasta el año pasado afectaba al 45.3 por ciento de la población nicaragüense, al finalizar este año se eleve a 46.8 por ciento, en el peor escenarios y como resultado de los constantes incrementos de precios.
Es decir que casi cinco de cada diez nicaragüenses al finalizar este año estaría en condición de pobreza, si finalmente los escenarios que plantea la Cepal se cumplen y por tanto la tasa de pobreza de Nicaragua se alejaría de la media en el hemisferio que se ubicaría en 33 por ciento en el escenario más optimista y 33.7 en el peor.
El aumento del flagelo, como consecuencia de la inflación, baja tasa de recuperación del empleo y raquítico crecimiento económico, sería casi parejo en América Latina, pero Nicaragua se consolidaría dentro de las tres economías más empobrecidas del hemisferio.
En el análisis denominado, Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis? la Cepal plantea dos escenarios. En el primero, dice que si la inflación se acelera dos puntos porcentuales más respecto a la tasa ya experimentada en el primer trimestre de este año, entonces la tasa de pobreza en Nicaragua pasaría de 45.3 por ciento en 2021 a 46 por ciento, que sería el escenario base.
En tanto, si la inflación se incrementa dos puntos adicionales a lo calculado en el escenario base antes mencionado, entonces el miseria en el peor escenario se elevará a 46.8 por ciento, colocando a Nicaragua, como tercera tasa de pobreza más alta de América Latina, detrás de Honduras (57.3 por ciento en el peor escenario y 56.3 en el mejor) y Guatemala (50.5 por ciento en el peor y 49.5 en el peor) por ciento.
Costa Rica y El Salvador
Para Costa Rica prevé que la pobreza se eleve de 21.1 por ciento a 21.2 por ciento en el mejor los escenarios y en el peor a 22.3 por ciento. Esta nación es clave, porque en el mismo residen gran parte de la comunidad nicaragüense que está huyendo del país, por la represión y el desempleo.
En el caso de El Salvador, la pobreza pasaría de 26.4 por ciento el año pasado a 26.5 por ciento y en el escenario más adverso se ubicaría en 27.4 por ciento. Pero a diferencia de Nicaragua, en ese país el Gobierno de Nayib Bukele desde el 2020 ha adoptado medidas de protección a la población, en el contexto de la pandemia.
Cabe mencionar que Nicaragua hasta la fecha registra la tasa de inflación, que se ve reflejado con los incrementos de precios de bienes y servicios, más alta de Centroamérica, pese a que el país es eminentemente agropecuario.
“Una aceleración de la inflación se traduciría en niveles de pobreza aún más altos”, dice la Cepal en su reporte que indica que en América Latina hay riesgo de que 7.8 millones de personas se sumen este año al grupo de 86.4 millones que actualmente ya están en riesgo de seguridad alimentaria.
Lo que más preocupa a la Cepal es que el aumento de los precios si bien castiga parejo, los mayores perdedores son los que se encuentran en el eslabón de mejor ingreso. “Un aumento de precios más o menos similar entre distintos grupos socioeconómicos penalizará desproporcionadamente a los hogares de los quintiles más bajos, ya que se verán obligados a reducir o sustituir el consumo de bienes esenciales, lo que no ocurrirá en el caso de los hogares más ricos”.
“Estos efectos serán mayores en el caso de los hogares muy pobres, en los que incluso pequeñas alzas de precios pueden obligarlos a ingerir alimentos de menor calidad, lo que afectará el desarrollo cognitivo y la salud de sus hijos”, agregó.
Todo esto puede derivar, advierte de un aumento “un aumento de los niveles de malestar y conflicto sociopolítico, que ya son altos en algunos países de la región. A su vez, la inestabilidad social puede afectar los mercados de capitales y las decisiones de inversión, al mismo tiempo que los recortes del gasto público para limitar el avance de la inflación también pueden desencadenar el malestar social”.
Un escenario complicado
Pero ¿qué hay detrás del incremento de precio y que estaría impulsado un escenario más adverso para América Latina y su lucha contra la pobreza? La Cepal menciona la guerra de Rusia en Ucrania, que abrió “una nueva fuente de incertidumbre para la economía mundial” y ocasionó que la economía mundial fuera recortada 1 punto y ahora se estime en 3.3 por ciento.
En paralelo, “la dinámica del PIB de los principales socios comerciales de la región (Estados Unidos, China y la Unión Europea) se ha deteriorado, lo que implica una disminución de la demanda externa de la región”.
Peor aún, Estados Unidos, que es socio clave para Centroamérica y la región, debió recortar su crecimiento a 2.8 por ciento por ciento, 1.2 puntos por debajo de lo proyectado en diciembre del año pasado, por la Reserva Federal.
En esos escenarios, Cepal menciona que se ha producido un aumento de los precios de los productos energéticos y, en general, de los productos básicos, el pronunciado aumento de los costos del transporte internacional, el agravamiento de los problemas de oferta y el aumento de la demanda interna en las economías desarrolladas, han redundado en un impulso de la inflación global, que ha presentado aumentos desde el segundo semestre de 2020, que han alcanzado máximos históricos en el primer cuatrimestre de 2022.
“La guerra ha acentuado el endurecimiento de las condiciones
financieras globales que se venía
observando, lo que aumenta la volatilidad en los mercados financieros”, indica
la Cepal.
Más obstáculos y riesgos
Al respecto, menciona que el aumento de la volatilidad financiera y el incremento del riesgo como resultado de la guerra en Ucrania, están ocasionando daños a los flujos de capital que llegan a los países emergentes. “Esta tendencia podría acentuarse en los próximos meses si persisten las presiones inflacionarias en las economías desarrolladas y sus bancos centrales profundizan las políticas monetarias contractivas, incluidas alzas de las tasas de interés de política monetaria y la reversión de los estímulos monetarios (compra de activos)”.
En resumen, la Cepal asegura que las economías de la región “enfrentan una coyuntura difícil en 2022”, empeorado por la guerra y la persistencia del covid-19 en el hemisferio y el incremento de los precios de la energía y los alimentos.
Precisamente por esta razón, la Cepal cree que la economía del hemisferio apenas crecerá no más de 2.1 por ciento, por debajo del 6.3 por ciento observado el año pasado. “Se retornaría así al patrón ya mencionado de muy lento crecimiento prevaleciente entre 2014 y 2019”, dice.
“Los países que son importadores netos de energía serán afectados negativamente por presiones en su balanza comercial, en especial los países del Caribe de habla inglesa o neerlandesa (excluidos Trinidad y Tabago y Guyana) y los de Centroamérica”, advierte.
Empleo en jaque
Todo el escenario antes descrito significará para las empresas del hemisferio mayor dificultad para contratar personal. La inflación, especialmente significará “un incremento en la estructura de costos de las empresas” lo que “puede hacer aún más lenta la generación de empleos en algunos sectores”.
Además “un alza de la inflación induciría un mayor deterioro del ingreso real de los trabajadores, lo que desestimularía la recuperación de la participación, además de sus efectos en la capacidad adquisitiva y el bienestar”.
Y además la dinámica del empleo podría ser afectada también por acciones de las autoridades monetarias para enfrentar el repunte de la inflación, en la medida en que alzas significativas de las tasas de interés podrían frenar la recuperación de la actividad económica, señala el organismo.
De hecho, en Nicaragua los economistas ya han advertido que el aumento de tasa de interés por parte del Banco Central puede acarrear mayor desempleo y obstáculo para la recuperación de las actividades económicas.