La Prensa 30/04/2025

Mientras a nivel global crecen los temores por los efectos adversos que provocará la política arancelaria del presidente Donald Trump, el régimen Ortega Murillo podría ser uno de los pocos beneficiados por los efectos de la guerra comercial derivada de los aranceles. Esto elevó a niveles históricos el precio del oro y garantizará el incremento de los ingresos por las exportaciones; y el abaratamiento del precio del petróleo reducirá la factura petrolera. El problema según los analistas es que estos beneficios no llegarán a los consumidores que serán perjudicados por el alza de precios que provocarán los aranceles.

En los últimos días el precio del oro alcanzó el máximo histórico de 3,500 dólares por onza y las proyecciones indican que al cierre del año puede llegar hasta los 4,500 dólares por onza. Con ese precio, aunque la producción se mantenga estancada en alrededor de 20 toneladas anuales, que equivalen a unas 640 mil onzas, al cierre de este año los 1,300 millones de dólares que el año pasado generaron las exportaciones de oro podrían duplicarse.

Además, la tendencia de reducción que enfrenta el precio internacional del petróleo provocará un ahorro en la factura petrolera. El Programa Económico Financiero del Presupuesto General de la Republica de 2025 proyectó que durante este año el crudo se compraría a 97.60 dólares por barril.

Ahorro en factura petrolera
Pero el precio del West Texas Intermediate (WTI) que sirve de referencia para Nicaragua, antes de la toma de posesión de Donald Trump el 20 de enero, estaba por encima de los 80 dólares por barril, pero en los últimos días cayó hasta 60 dólares por barril, su nivel más bajo de los últimos cuatro años.

Además, las proyecciones indican que durante el resto del año se mantendrá en ese rango, debido a una caída de la demanda vinculada a la incertidumbre generada por la política arancelaria. Esto implica un ahorro de casi 40 dólares por barril en un consumo anual aproximado de 10 millones de barriles que dejaría unos 400 millones de dólares. A esto se suma el dinamismo que mantienen las remesas y que seguirán oxigenando la economía con ingresos incluso superiores a los de las exportaciones del régimen general y del de zona franca por separado.

«En alguna medida estas son dos cosas que se deben analizar de manera separada, porque ambas inciden en la economía. Pero una cosa es que se beneficie la economía con el precio del petróleo barato y el del oro muy caro, pero son beneficios desde el punto de vista global, la economía se beneficia a nivel global. Seguramente al final del año ese beneficio se reflejará en las estadísticas del Banco Central, es decir, será un beneficio desde el punto de vista macroeconómico», explica un economista que solicita no divulgar su nombre.

Volatilidad de los precios y los aranceles

El economista insiste en que el beneficio será únicamente desde el punto de vista macroeconómico, ya que otra cosa sucederá desde el punto de vista del consumidor y desde el punto de vista de los costos de producción en las cadenas productivas.
«Esto es bueno para el Gobierno, el beneficio es para la macroeconomía del país en general. Pero otra cosa es el beneficio directo o indirecto que se debería trasladar a la cadena del consumidor y las cadenas productivas, que además, si se trasladara sería mínimo y como no se traslada se resalta más en la parte macroeconómica y en esa parte está el Gobierno», dice el economista.

Además, explica que el panorama actual que enfrentan los precios del oro y del petróleo son independientes a lo que puede ocurrir más adelante si el presidente Trump destraba los aranceles que mantiene en pausa hasta el 9 de julio para Nicaragua y resto de países que integran el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, conocido como DR-Cafta.

Situación que también es incierta, ya que de momento ni siquiera está claro si será del 10 por ciento para todos los países del grupo o si se mantendrá para Nicaragua el 18 por ciento. «Lo único que sí es seguro es que si aplican los aranceles no serán menores al 10 por ciento», señala el economista.

Consumidores expuestos a precios altos
«Definitivamente lo que hay en todos los actores económicos, a nivel mundial es una incertidumbre tremenda porque ni siquiera está clara la estrategia del presidente Trump porque sencillamente ya está teniendo reacciones contrarias. La única verdad que existe y que es evidente y clara es que Estados Unidos ya no va a tener el promedio de protección arancelaria de antes, eso va a subir, Estados Unidos ya no va a tener ese mercado tan abierto como lo tenía antes y que hay noventa días para negociar pero no se sabe cómo será esa negociación», señala el economista.

Además, considera que el único interés del Gobierno es resolver el problema del gasto y la volatilidad del precio del oro y del petróleo le permitirán hacerlo y como está totalmente aislado de políticas intermedias que beneficien a los sectores productivos, el beneficio no se traslada a nadie.

«Este es un Gobierno receptor, castigador, sólo le interesa captar recursos y lo hará mediante el alza del precio del oro, la reducción del precio del petróleo y el creciente flujo de remesas y con eso mantendrá el flujo de recursos necesarios para garantizar la estabilidad macroeconómica. Esto le permite al Gobierno mantener una solidez financiera, que le permita enfrentar cualquier situación adversa que pueda ocurrir los próximos meses o años, y para que sus balances macroeconómicos se mantengan alineados», expone el economista.

Mientras tanto, los consumidores están expuestos a que la imposición de los aranceles empuje la inflación y los precios sigan subiendo, aunque aún no se sepa en qué nivel seguramente afectará el crecimiento económico.