Divergentes 30/09/2025

icaragua volvió a endeudarse con el Fondo de Kuwait para el Desarrollo Económico Árabe (KFAED). El pasado 12 de septiembre de 2025, la Asamblea Nacional aprobó el tercer crédito que el régimen obtiene de esta instancia en los últimos años, esta vez para financiar la construcción del puente Prinzapolka en la carretera Río Blanco–Siuna.

Más que una obra de infraestructura, este movimiento revela el aislamiento creciente de Nicaragua frente a los organismos financieros tradicionales, que empuja a Ortega a buscar créditos en entidades que entregan recursos sin mayores exigencias sobre fiscalización en el uso de los fondos, ni respeto a los derechos humanos, con el costo de un endeudamiento más opaco y riesgoso para el país.

Este último préstamo está inscrito dentro del Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022–2026. Para el diputado sandinista y presidente de la Comisión de Producción, Economía y Presupuesto, Wálmaro Gutiérrez, se trata de un proyecto del cual los nicaragüenses deben sentirse orgullosos y es la “mejor manera de honrar a la patria estar discutiendo y aprobando este instrumento internacional”. 

Situación que preocupa al economista consultado por DIVERGENTES, Marco Aurelio Peña, quien advierte que, aunque el KFAED es uno de los llamados fondos petroleros árabes y goza de reconocimiento internacional, lo más preocupante gira en  el ritmo de endeudamiento que lleva el país. Según datos del Banco Central de Nicaragua citados por Peña, la deuda pública externa se ha multiplicado por aproximadamente 2,6 veces: pasó de 3385 millones de córdobas a finales de 2007,  a 8694.9 millones en marzo de 2025.

Si bien Nicaragua ha accedido a montos “relativamente pequeños” de este fondo, el primero se otorgó entre 2019 y 2020 por 32.4 millones de dólares para la construcción y equipamiento del hospital departamental de Chinandega Mauricio Abdalá. En 2021 , se aprobó un complemento de cinco millones de dólares adicionales para la habilitación de esa misma unidad, ambos cofinanciados con elBanco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), que aportó 51.9 millones, en un proyecto cuyo costo total ascendió a 99.8 millones. El crédito más reciente, de 13 millones de dólares, también se cofinancia con el BCIE y contempla un plazo de 20 años, con 4 años de gracia, una tasa de interés de 2% y un cargo de servicio adicional de 0.5%.

A diferencia de otros países, los créditos del Fondo Kuwait suelen establecerse a 25 años de plazo, con tasas de interés de 1–3% y períodos de gracia de hasta siete años. Se trata, según analistas internacionales, de un financiamiento concesional: no son donaciones, pero sí condiciones más blandas que un préstamo comercial o la emisión de bonos soberanos.

Este es el primer fondo de desarrollo creado por un país árabe, existe desde 1961 y es atractivo políticamente, por las diferencias de las condiciones macroeconómicas que el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

¿Por qué Nicaragua opta por este fondo y no por otros?

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El embajador concurrente de Kuwait, también se reunió con Laureano Ortega, asesor presidencial para la Promoción de Inversiones, Comercio y Cooperación Internacional e hijo de los dictadores sandinistas. Divergentes| Foto tomada de El 19 Digital

Félix Maradiaga, profesor de política internacional en la Universidad de Virginia (U.Va.), enfatiza que la estrategia del régimen Ortega-Murillo “revela la desesperación de liquidez de la dictadura y, al mismo tiempo, su búsqueda de prestamistas ‘pacientes’ y sin condicionalidad democrática, aunque de chequera limitada”. 

Es decir, a juicio de Maradiaga, se busca una “diversificación por necesidad, luego del cierre de la puerta de la banca multilateral tradicional, se busca oxígeno financiero, narrativa diplomática y sustitución parcial de China”, dado que, “el régimen intenta sostener el Programa de Inversión Pública pescando en aguas donde los controles son menores y los términos más blandos que los chinos”. Este último préstamo del régimen se enmarca, precisamente en “condiciones concesionales, muy por debajo del costo del dinero chino que Ortega viene aceptando”.

Maradiaga agrega que parte de la narrativa diplomática se centra en “exhibir que ‘no están aislados’”. Explica que no es casual que el KFAED forme parte del Arab Coordination Group (ACG) —una alianza de fondos árabes que cofinancia con bancos de desarrollo— y recuerda que este grupo acaba de anunciar iniciativas conjuntas con instituciones latinoamericanas como la CAF, lo que le da al régimen una vitrina para alegar “apertura” hacia nuevos socios del Sur Global.

Sustitución parcial y gradual de China

Alega que la sustitución parcial de Chinaque está haciendo el régimen Ortega-Murillo responde a que los proyectos con esa nación se han quedado en promesas y en una especie de propaganda. Da como ejemplo, el proyecto del aeropuerto internacional  Punta Huete, que a agosto de 2025, sigue sin desembolsos efectivos, pese a los decretos de crédito aprobados por el Parlamento sandinista, y por eso el académico insiste en que “el régimen necesita fuentes que sí desembolsen y con menos ruido reputacional”. Se trata de una diplomacia del “goteo”, basada en “pequeños prestamistas con términos suaves que no exigen reformas democráticas, y que permiten mostrar avances de obra pública sin someterse a escrutinio de gobernanza”, agrega Maradiaga. 

El economista Peña coincide al señalar que a estos fondos económicos “solo les interesa prestar y que les paguen, no andan viendo los derechos humanos ni fiscalizan”, un terreno en el que Nicaragua es especialista: el país alcanzó apenas 14 puntos en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC). 

“La dictadura sandinista no aplica la Ley de Acceso a la Información PúblicaLos ciudadanos no tenemos acceso a enterarnos sobre los avances y la ejecución técnica de esos fondos. En consecuencia, no tenemos certeza de que si el 100% de esos fondos se aplican al proyecto para el que supuestamente se aprobó. No hay transparencia”, recalca Peña.

Maradiaga enfatiza que a diferencia de Pekín —donde la “cooperación” ha sido deuda cara atada a contratistas chinos y con un creciente retraso en desembolsos—, Kuwait opera con un perfil técnico y cofinancia con multilaterales, lo que le da al régimen legitimidad instrumental sin la presión de condicionalidades políticas. 

“Pero hay que decirlo con claridad: esto no es un salvavidas macroeconómico. Son préstamos pequeños y focalizados que no sustituyen las necesidades de caja de un Estado cerrado a los mercados y sancionado. Sirven para administrar la escasez con propaganda, no para corregir los desequilibrios estructurales de una economía asfixiada por la represión y la incompetencia”, advierte. 

Y es que a diferencia de China y Rusiael KFAED no busca anclajes geoestratégicos en Nicaragua, simplemente financia proyectos de desarrollo. Sin embargo, el especialista advierte que Ortega solo busca “una oportunidad de comprar tiempo sin pagar el sobreprecio político o financiero de Pekín. Pero su capacidad es limitada: en diez años, tres préstamos por un total cercano a $45 millones, frente a los centenares de millones que el régimen ha anunciado con China para aeropuerto, carreteras y telecomunicaciones”.

Créditos blandos frente al aislamiento internacional

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Ortega busca en fondos árabes un alivio financiero temporal que le permita sortear sanciones y aislamiento internacional, aunque sin resolver la falta estructural de acceso a crédito. Divergentes| Foto tomada del Diario Barricada Digital.

Peña analiza que este tipo de fondos árabes, a los que Nicaragua acude cada vez más, reduce la dependencia de organismos occidentales, cuyos flujos se han ido cerrando debido a sanciones y denuncias por violaciones a derechos humanos. Al mismo tiempo, abre puertas diplomáticas y comerciales con el mundo árabe; a Ortega le conviene mostrarse como socio de potencias petroleras para equilibrar sus alianzas con China, Rusia, Irán y Venezuela. 

“Ortega recurre a prestamistas que no le exigen cláusulas vinculadas a democracia o derechos humanos, porque cada vez le resulta más difícil acceder a financiamiento de organismos tradicionales como el BCIE (Banco Centroamericano de Integración Económica). Con ello busca tres objetivos: mostrar que aún tiene acceso a créditos pese al aislamiento internacional, demostrar capacidad de ejecución de proyectos, y proyectar la imagen de ser un buen pagador, lo que le da cierto margen de estabilidad económica”, amplía Peña.

El financiamiento proveniente de Kuwait no constituye un rescate, sino un alivio temporal, dice Maradiaga, pues Ortega quiere sustituir la deuda con China —costosa, condicionada y de lenta ejecución— por créditos árabes concesionales, con condiciones más blandas y plazos ejecutables. 

Sin embargo, ninguno de estos mecanismos corrige el problema estructural: la limitada capacidad de acceso a financiamiento internacional de una dictadura sancionada que ha deteriorado la confianza de inversionistas y organismos multilaterales. 

“Mientras Ortega no restaure el Estado de derecho, seguirá peregrinando entre prestamistas periféricos, apalancando obras con cheques pequeños y mucho bombo, sin que eso revierta el deterioro de nuestra economía ni la tragedia de nuestras libertades”, finaliza Maradiaga.