Blog Nestor Avendaño 22/11/2023

En abril de 2022, cuando el Banco Central de Nicaragua (BCN) comenzó a elevar la tasa de referencia monetaria de 3.5% y a mantenerla en el nivel de 7.0% desde diciembre de 2022, la situación económica del país se ha caracterizado por:

  • una desaceleración de la tasa de crecimiento anualizada  del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) promedio anual desde 9.7% (en abril de 2022) hasta 3.7% en agosto de 2023, que se explica principalmente por el “efecto base” alto de 10.8% registrado en febrero de 2022 y,
  • por otro lado, una aceleración de la tasa de inflación interanual de dos dígitos, es decir, una inflación galopante con un máximo de 12.16% en octubre de 2022, y posteriormente su desaceleración hasta un dígito, o sea, una inflación moderada de 6.0% en octubre de 2023.

En resumen, la actividad económica ha desacelerado y la inflación comenzó a disminuir. Por lo tanto, no hay riesgos que exacerben las expectativas inflacionarias futuras de los productores, consumidores e inversionistas.

Sin embargo, la demanda agregada de bienes y servicios todavía está creciendo a un ritmo por encima de la tasa de crecimiento de la “producción potencial” de 3.2%, por lo cual la brecha de producción negativa (la demanda es mayor que la oferta potencial) provoca una presión alcista sobre la inflación, aunque esa brecha ya estaba cercana a cero en agosto recién pasado. Pero esa divergencia debe desaparecer: la tasa del crecimiento económico debe continuar su desaceleración o la tasa de inflación volverá a acelerarse e implicará la aplicación de una política monetaria más restrictiva.

También hay que tomar en cuenta que la oferta potencial de bienes y servicios del país se ha reducido con el conflicto político de abril de 2018, la reforma tributaria procíclica de febrero de 2019, la pandemia mundial de Covid-19 en febrero de 2020 que también aceleró la inflación con la reapertura de la economía mundial, y la emigración de más de 350 mil nicaragüenses hacia Estados Unidos desde el año de 2021 y que ha reducido el tamaño de la población económicamente activa del país. La tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) potencial ha caído de 5.0% en 2017, un año de máximos históricos de producción del país, hasta 3.2% en 2022.  

En otras palabras, con una caída de la inflación hasta 6.0%, la cual aún no alcanza su nivel natural en el mercado local ubicado en el  rango de entre 4.0% y 4.5%, si la política macroeconómica persistiera en mantener una economía “sobrecalentada”  la inflación esperada tendería a aumentar y se perdería el trabajo de reducirla al nivel en que se encuentra hoy.

Por consiguiente, cabe preguntarnos si el mercado laboral local está o no “sobrecalentado”.

En enero-septiembre de 2023, con base en datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), en términos promedio mensual, la tasa bruta de ocupación, es decir, el porcentaje de la población en edad de trabajar (de 14 años y más) que se encuentra ocupada, fue igual a 64.9%, mayor que 64.1% del mismo período de 2022, mientras que la tasa de desempleo abierto, o sea, el porcentaje de la población económicamente activa de 14 años y más que está desocupada, fue igual a 3.4%, menor que 3.7% del mismo lapso de 2022. Además, la tasa de presión general, o sea, el porcentaje de la población económicamente activa que demanda directa o indirectamente un puesto de trabajo, a tiempo completo o a tiempo parcial, aumentó al pasar de 9.1% a 10%.

Se puede concluir que la tasa de desempleo abierto observada es menor que la tasa de desempleo abierto “natural” de la economía local, es decir, el nivel de desempleo abierto en una situación de pleno empleo, la cual estimo en el 5.0%.

En resumen, en enero-septiembre de 2023 la tasa de desempleo abierto está disminuyendo y la tasa bruta de ocupación está aumentando al compararse con sus niveles registrados en el mismo período de 2022 y, por lo tanto, el mercado laboral nicaragüense está “ajustado” o “sobrecalentado.

A pesar de que se dispone de una insuficiente información oficial del mercado laboral, por ejemplo, se desconoce el número de personas que buscan trabajo o la proporción del empleos vacantes por cada desempleado, se puede afirmar a priori que si la demanda global comenzara a acelerarse por encima del nivel potencial, el mercado laboral estaría “ajustado” o “sobrecalentado” e impulsaría la inflación hacia arriba a través de los aumentos de los salarios. La inflación salarial estaría presente.    

Sin embargo, el salario promedio mensual del sector formal de la economía nicaragüense, tanto el que elabora el Ministerio del Trabajo (MITRAB) como el que publica el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), ha mostrado un creciente deterioro de su poder adquisitivo acumulado desde enero de 2018 hasta agosto de 2023.

Eliminando la inflación acumulada de los precios al consumidor de 40.7% en ese período, el salario real promedio mensual presentado por el sector formal de la economía se deterioró 20.8% y el salario real promedio mensual de las personas que cotizan la seguridad social se deterioró 6.8%.

Por ese comportamiento del mercado laboral, estimo que los trabajadores del sector formal de la economía ya han aportado su cuota para mantener la estabilidad macroeconómica del país en los últimos seis años, y con más razón aquellas personas que se encuentran subempleadas y que representan el 38.9% del total de ocupados. Las remesas han contribuido a mantener el crecimiento del gasto de los consumidores, pero la inflación salarial en un mercado laboral “ajustado” introduce el riesgo de la aceleración de la tasa de inflación, mejor dicho, de una espiral salario-precio.